Elizabeth Flores
Poeta que considera el portal su segunda casa
El dolor de la guerra.
En la desolación de la guerra
lloraba un padre
como llora la lluvia en el invierno,
en la más triste agonía se encontraba
elevando plegarias hacia el cielo,
encarcelado en un aciago dolor.
Su mirada se perdía junto a la nada
igual se pierde el barco en alta mar,
igual se pierde la esperanza
en el cortejo de las sombras.
Frente a él, un cuadro espantoso:
torturas, sangre, lamentos, un desierto,
su familia mutilada en el grito de la guerra
ahí estaban, sin vida, con su sol apagado,
como flor marchita olvidada en el campo,
cómo estrellas caídas sin un rayo de luz.
¡Infeliz padre!
Sus lágrimas empañaban su futuro incierto.
Catastrófico y lobanillo mundo le esperaba.
¡Qué dolor tan miserable!
Trastornado gemía y su voz se apagaba
entre sollozos, sufriendo la pena más cruel de su vida.
La soledad le atormentaba y el trauma de tan vil
pesadilla sería su amuleto.
Callejones repletos de odio y violencia,
con olor a sangre de las almas arrinconadas
y senderos en tinieblas sin salida.
Sólo eso quedaba. Lágrimas de sangre,
dolor, luto y sombras de muerte,
sueños despedazados,
igual se despedaza una ilusión en el alma rota.
Amigo lector, cultivemos la paz,
empecemos ahora.
¿Cómo?
Desechando el odio, la violencia, la venganza
de nuestros corazones, ya no más conflictos,
ya no más bisturí a la razón,
es tiempo de reflexión, de numinosa visión,
que las armas solo sean la bandera del amor,
del perdón, de la amistad, de la paz.
¡No más guerras! Abre los ojos y aprende
del pergamino de la justicia..
Elizabeth Flores.
31 / 01 / 12.
Última edición: