Sira
Poeta fiel al portal
El domador de caballos
A ti, vida que despierta,
vida que abre las alas
y se despereza:
bienvenida seas.
Te deseo el amor y la grandeza,
todo un sinnúmero de parabienes,
para que la pena jamás te desvele
y afrontes siempre tu destino
con templanza y entereza.
Nunca pierdas de vista tu camino,
pequeño y dulce niño...
ni tampoco a tus centinelas;
pues otearemos tus primeras huellas
desde la firmeza del cariño.
Desde las egregias murallas
de nuestra Troya hereditaria,
a pesar de que sus muros abatidos
tiemblen hasta desmoronarse,
nunca te faltará el consuelo.
Nunca te faltará el abrigo.
A ti, vida que despierta,
vida que abre las alas
y se despereza:
bienvenida seas.
Te deseo el amor y la grandeza,
todo un sinnúmero de parabienes,
para que la pena jamás te desvele
y afrontes siempre tu destino
con templanza y entereza.
Nunca pierdas de vista tu camino,
pequeño y dulce niño...
ni tampoco a tus centinelas;
pues otearemos tus primeras huellas
desde la firmeza del cariño.
Desde las egregias murallas
de nuestra Troya hereditaria,
a pesar de que sus muros abatidos
tiemblen hasta desmoronarse,
nunca te faltará el consuelo.
Nunca te faltará el abrigo.
Última edición: