Las estrellas melancólicas lloran lágrimas de plata sobre la sombreada en luna menguante cabeza de alabastro de un dios caído en calamitosa tristeza sagrada.El,el que antaño fuera jovial niño puro de extáticas sonrisas de eco magnánimo,ahora se esconde en la espesura de un bosque tétrico donde el lobo lo observa con perpleja curiosidad.A lo que nuestro desgraciado numen reacciona con un parpadear lustroso de sus ojos encharcados en sangre pura.Se acerca un duende,señor de las entrañas de la tierra,que esconden un ajuar a rebosar de oro macizo y le pregunta quedamente por la pena que le aflige,a lo que nuestro joven dios le responde que su Padre que está en los siderales cielos de olor a jazmín y rosas pulcras lo ha desterrado al mísero mundo por haber querido tomar del sacrosanto fuego que prende de la palatina antorcha que humea eternamente...en el castillo vaporoso donde las almenas relucen cual luceros magnos tanto en el día como en la noche.Entonces el enano le responde que es un bendito.Que tal acto de valentía le granjeará la simpatía y benevolencia de una naciente humanidad en ciernes,deseosa por el ciego destino de crear el arte a partir de la llama prometeica.
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