Sebastian Dusalgi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Era de aspecto grotesco, burdo,
metido en sus jeans y sus botas vaqueras.
De sonrisa estúpida y falsa.
Caminaba aquel enano
de un lado a otro del burdel
con su mugre libretita entre sus manos.
Iba de mesa en mesa
preguntando a los ebrios clientes
si deseaban dedicar un cancioncita
a su ramera en turno.
De a diez pesitos -decía-
y con una mirada de complicidad
la prostituta hacía el resto.
A los más borrachos
les sacaba algún licor
para los intelectuales músicos
que ebrios confundían las canciones.
Casi todos cedían a los deseos del enano del burdel.
Era como un pequeño bufón
en un gran circo de fieras.
Sebastian Dusalgi.
metido en sus jeans y sus botas vaqueras.
De sonrisa estúpida y falsa.
Caminaba aquel enano
de un lado a otro del burdel
con su mugre libretita entre sus manos.
Iba de mesa en mesa
preguntando a los ebrios clientes
si deseaban dedicar un cancioncita
a su ramera en turno.
De a diez pesitos -decía-
y con una mirada de complicidad
la prostituta hacía el resto.
A los más borrachos
les sacaba algún licor
para los intelectuales músicos
que ebrios confundían las canciones.
Casi todos cedían a los deseos del enano del burdel.
Era como un pequeño bufón
en un gran circo de fieras.
Sebastian Dusalgi.