El encargo de los brokers

La Sexorcisto

Lluna V. L.
Ahí estaba el grupo o manada, según los miraras, de brokers,
en un limbo de líneas analíticas
mientras bebían champagne caro y decían gilipolleces,
la compañía me había encargado escribir un comunicado masturbatorio
para calmar la desesperación de los dos cientos mil inversores
que se habían quedado sin nada
después de varias catastróficas juagadas especulativas,
Estimados inversores... bla bla blá... y más bla, bla, blá.
Había traído mi propia computadora para escribir la encomienda,
no me fiaba en absoluto de nada, no quería morir al tocar una pantalla táctil envenenada,
estaba acostumbradas a escribir los más variopintos textos dementes
así que aquello sería pan comido.
Estimados inversores... que os den por el culo.
De repente, estuve tentada de desvelar la verdad
pero sabía que si lo hacía mi vida sería tan breve
como la actividad sexual que había tenido el último mes.
Así que continué con el trabajo,
y sin darme cuenta llegó un momento en el que me quedé sola
en el edificio búnker de la corporación de los brokers,
a través de los cristales blindados del gran ventanal que tenía enfrente
observé como el sol amenazaba con salir por el horizonte del mar.
¿Cuántas gotas? ¿Cuántas moléculas habría en aquellas oscuras aguas?
¿Cuánta mierda tendría que seguir escribiendo?
 

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