Pescador nublado
Poeta que considera el portal su segunda casa
Sé que no voltearás a verme,
no tengo los dientes perfectos
ni el tipo de cuerpo que llama la atención.
No tengo la clase de ojos
que atraen miradas como las tuyas
ni los colores que tú buscas.
Sé que no vas a escucharme,
no sé contar bien las historias
y a veces mi voz no es lo suficiente clara.
Y esa es la mejor parte,
saber que no vas a escucharme.
Así podré decirte todo sin temor a la respuesta.
Te podré decir porqué me tomó años poder pronunciar tu nombre.
Porque sabía que sería la única forma de conservarte,
pronunciar tu nombre sería compartirte y así te perdería por partes.
Te podré decir que le diste razón a todas las despedidas que te precedieron,
que era como si sacara cosas de mi hogar para que estuvieras cómoda,
para que todo lo que ahí encontraras fuera nuevo.
Podré contarte de todas las formas en que reaprendí a leer los días,
de cómo es que entendí que ese vacío que cargo no podrá ser llenado
pero que por tu causa pude comprender su función.
Confesarte que no hay nadie que me haya protegido como tú,
que me hiciste creer de nuevo en los “nunca” y los “siempre”,
que un día supe que seríamos eternos.
Que te prometí mi vida aunque sabía que ya no ibas a escucharme.
no tengo los dientes perfectos
ni el tipo de cuerpo que llama la atención.
No tengo la clase de ojos
que atraen miradas como las tuyas
ni los colores que tú buscas.
Sé que no vas a escucharme,
no sé contar bien las historias
y a veces mi voz no es lo suficiente clara.
Y esa es la mejor parte,
saber que no vas a escucharme.
Así podré decirte todo sin temor a la respuesta.
Te podré decir porqué me tomó años poder pronunciar tu nombre.
Porque sabía que sería la única forma de conservarte,
pronunciar tu nombre sería compartirte y así te perdería por partes.
Te podré decir que le diste razón a todas las despedidas que te precedieron,
que era como si sacara cosas de mi hogar para que estuvieras cómoda,
para que todo lo que ahí encontraras fuera nuevo.
Podré contarte de todas las formas en que reaprendí a leer los días,
de cómo es que entendí que ese vacío que cargo no podrá ser llenado
pero que por tu causa pude comprender su función.
Confesarte que no hay nadie que me haya protegido como tú,
que me hiciste creer de nuevo en los “nunca” y los “siempre”,
que un día supe que seríamos eternos.
Que te prometí mi vida aunque sabía que ya no ibas a escucharme.
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