En lo profundo, donde el alma canta,
surgen dos voces, fuego y manantial;
una se agita, ruge, arde y quebranta,
la otra es clara, templada y sin rival.
Saidín avanza, impetuoso y fiero,
hijo del pulso, del ansia sin razón,
clama poder, misterio y desafuero,
gime en la sombra, busca redención.
Saidar responde, luz que se despliega,
fluir sereno, abrazo sin herir,
danza en la brisa, cuida, no doblega,
lleva en su entraña el arte de vivir.
"No soy tu enemiga", dice en su canto,
"somos del Uno, formas del crear;
tú eres la chispa, el hierro y el quebranto,
yo, la armonía, el cauce del amar".
Y en su encuentro se funden los sentidos,
ya no hay lucha, temor ni separación;
en el abrazo laten los latidos
de un alma entera en su revelación.
surgen dos voces, fuego y manantial;
una se agita, ruge, arde y quebranta,
la otra es clara, templada y sin rival.
Saidín avanza, impetuoso y fiero,
hijo del pulso, del ansia sin razón,
clama poder, misterio y desafuero,
gime en la sombra, busca redención.
Saidar responde, luz que se despliega,
fluir sereno, abrazo sin herir,
danza en la brisa, cuida, no doblega,
lleva en su entraña el arte de vivir.
"No soy tu enemiga", dice en su canto,
"somos del Uno, formas del crear;
tú eres la chispa, el hierro y el quebranto,
yo, la armonía, el cauce del amar".
Y en su encuentro se funden los sentidos,
ya no hay lucha, temor ni separación;
en el abrazo laten los latidos
de un alma entera en su revelación.