Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Hoy entierro tu amor sin flores ni ceremonia,
sin altares ni lágrimas,
solo con el peso seco de la costumbre.
Te entierro en el rincón más sucio de mi alma,
donde los días pasan como sombras,
donde tus palabras ya no alcanzan a doler.
Te entierro, no porque quiera olvidarte,
sino porque ya no puedo seguir recordando,
porque el amor que fue ya no sabe a nada
y el dolor ha perdido su filo.
Aquí yace todo lo que fuimos:
las risas a destiempo, las caricias que nunca fueron.
Te entierro con las manos desnudas,
con este cansancio de haber vivido demasiado,
con la certeza de que el olvido, al final,
será la única tumba que compartamos.
No hay epitafios,
no hay despedidas largas,
ni esa melancolía hermosa que recitan los poetas.
Solo está el silencio,
y la tierra que cae pesada sobre lo que fuimos.
Te entierro, amor,
no porque ya no te quiera,
sino porque necesito aprender a quererme
sin necesitarte.
sin altares ni lágrimas,
solo con el peso seco de la costumbre.
Te entierro en el rincón más sucio de mi alma,
donde los días pasan como sombras,
donde tus palabras ya no alcanzan a doler.
Te entierro, no porque quiera olvidarte,
sino porque ya no puedo seguir recordando,
porque el amor que fue ya no sabe a nada
y el dolor ha perdido su filo.
Aquí yace todo lo que fuimos:
las risas a destiempo, las caricias que nunca fueron.
Te entierro con las manos desnudas,
con este cansancio de haber vivido demasiado,
con la certeza de que el olvido, al final,
será la única tumba que compartamos.
No hay epitafios,
no hay despedidas largas,
ni esa melancolía hermosa que recitan los poetas.
Solo está el silencio,
y la tierra que cae pesada sobre lo que fuimos.
Te entierro, amor,
no porque ya no te quiera,
sino porque necesito aprender a quererme
sin necesitarte.