Atenea Sheresada
Poeta fiel al portal
Hubo una vez en una región hermana un escritor, que su arte amaba, su oficio de celador avece le daba tiempo pero muchas veces se lo quitaba, su mas grande anhelo era poder publicar, un libro sorprendente que a muchos pudiera gustar. Un día la suerte su puerta llegó a tocar, el jefe de una importante casa editorial, su delito, el exceso de velocidad. Con ansias y ojos muy abiertos, el libro de nuestro amigo en un par de días terminó por devorar. Serás de los más grandes le hubo de asegurar.
La vida le dio vueltas, tantas que lo llegó a marear, firmó un contrato para dos libros más, dejó su empleo de carcelero y su primer libro vio publicar. Contento se sentía extasiado en realidad, un honor como ese, muchos solo lo podemos soñar. Un Best Seller crecía la felicidad, en medio del éxtasis su segundo libro pudo culminar, en menos de 2 años, se convirtió en el orgullo de su casa editorial, un tercer libro solamente uno y ya, vivía en confort, con ciertos lujos y mucha emoción.
Comenzó su tercer libro: Erase una vez, una vez mas, de nueva cuenta, pero ninguno era bueno para iniciar, un caballero, una dama, en juego de ajedrez, a romper la hoja una y otra vez, desespera el escritor sin saber que hacer, huyó a las montañas, su gran amor, tal vez el alpinismo le refrescara la inspiración. Varios días de caminata, sin lograrse concentrar, una tormenta de nieve le obliga a regresar, ¿Dónde te escondiste?, ¡háblame inspiración!, si me estas castigando, juro que ya aprendí mi lección.
Vuelve a casa a recordar sus sueños, un libro publicar, una esposa tener, cuatro hijos procrear, eso sería todo su placer, miró desesperado, como esperando algo encontrar, una historia necesitaba, una y ya. Pero en su cabeza solo su edad podía recordar, 35 años, no era viejo, pero la juventud se le escapaba, uno de sus sueños en pesadilla se transformaba, esa hermosa ilusión que ahora desdeñaba. Sentose entonces a pensar, a imaginar como sería tener esa hermosa familia, los niños corriendo, la esposa a un lado dándole ánimos, pero no tenía nada de eso. Recordó su tiempo de celador, amaba el turno nocturno, cuando le tocaba estar en la torre, viendo de tan cerca las estrellas, era en esas noches cuando escribía mas, era eso lo que extrañaba. Sus pensamientos fueron cortados por el cruel tintinar de teléfono, el jefe de la casa editorial, que el avance del libro exigía, colgó el teléfono y se fue a dormir, el recuerdo de la familia que no tenía, le acompañó hasta soñar.
Levantose muy temprano, justo a tiempo para ver el amanecer, en compañía de su siempre confiable tasa de café, hizo mochila y partió al campo, se sentó bajo un árbol, escuchó el murmullo del viento, casi como dándole una bienvenida, las muchas plantas de su alrededor le obsequiaron deliciosos aromas, pero el albacar predominaba, acostado en la raíz, trató de adivinar a que correspondía cada sonido, sin notarlo, se durmió. Despertó cuando una mariposa se posó en su nariz, vio las maravillas que había, caminó un buen rato, sin siquiera pensar que en todo el día solo su café nadaba en el estomago.
Al ver atardecer, entendió todo, sus sueños e ilusiones eran su mayor inspiración, su alegría fue su segundo libro y este tercero sería su momento de agradecer, a la vida, a un Dios tal vez, a todo aquello que le dio la oportunidad de amar su vida, y al mismo tiempo despedirse de las cadenas que lo atan, todo artista, debe solamente aferrarse a su arte.
La vida le dio vueltas, tantas que lo llegó a marear, firmó un contrato para dos libros más, dejó su empleo de carcelero y su primer libro vio publicar. Contento se sentía extasiado en realidad, un honor como ese, muchos solo lo podemos soñar. Un Best Seller crecía la felicidad, en medio del éxtasis su segundo libro pudo culminar, en menos de 2 años, se convirtió en el orgullo de su casa editorial, un tercer libro solamente uno y ya, vivía en confort, con ciertos lujos y mucha emoción.
Comenzó su tercer libro: Erase una vez, una vez mas, de nueva cuenta, pero ninguno era bueno para iniciar, un caballero, una dama, en juego de ajedrez, a romper la hoja una y otra vez, desespera el escritor sin saber que hacer, huyó a las montañas, su gran amor, tal vez el alpinismo le refrescara la inspiración. Varios días de caminata, sin lograrse concentrar, una tormenta de nieve le obliga a regresar, ¿Dónde te escondiste?, ¡háblame inspiración!, si me estas castigando, juro que ya aprendí mi lección.
Vuelve a casa a recordar sus sueños, un libro publicar, una esposa tener, cuatro hijos procrear, eso sería todo su placer, miró desesperado, como esperando algo encontrar, una historia necesitaba, una y ya. Pero en su cabeza solo su edad podía recordar, 35 años, no era viejo, pero la juventud se le escapaba, uno de sus sueños en pesadilla se transformaba, esa hermosa ilusión que ahora desdeñaba. Sentose entonces a pensar, a imaginar como sería tener esa hermosa familia, los niños corriendo, la esposa a un lado dándole ánimos, pero no tenía nada de eso. Recordó su tiempo de celador, amaba el turno nocturno, cuando le tocaba estar en la torre, viendo de tan cerca las estrellas, era en esas noches cuando escribía mas, era eso lo que extrañaba. Sus pensamientos fueron cortados por el cruel tintinar de teléfono, el jefe de la casa editorial, que el avance del libro exigía, colgó el teléfono y se fue a dormir, el recuerdo de la familia que no tenía, le acompañó hasta soñar.
Levantose muy temprano, justo a tiempo para ver el amanecer, en compañía de su siempre confiable tasa de café, hizo mochila y partió al campo, se sentó bajo un árbol, escuchó el murmullo del viento, casi como dándole una bienvenida, las muchas plantas de su alrededor le obsequiaron deliciosos aromas, pero el albacar predominaba, acostado en la raíz, trató de adivinar a que correspondía cada sonido, sin notarlo, se durmió. Despertó cuando una mariposa se posó en su nariz, vio las maravillas que había, caminó un buen rato, sin siquiera pensar que en todo el día solo su café nadaba en el estomago.
Al ver atardecer, entendió todo, sus sueños e ilusiones eran su mayor inspiración, su alegría fue su segundo libro y este tercero sería su momento de agradecer, a la vida, a un Dios tal vez, a todo aquello que le dio la oportunidad de amar su vida, y al mismo tiempo despedirse de las cadenas que lo atan, todo artista, debe solamente aferrarse a su arte.