jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
a raíz de recientes excavaciones arqueológicas
realizadas por un grupo de antropólogos de harvard,
ha salido a la luz que un extraterrestre humanoide
habría aterrizado de emergencia hace 6 millones de años
en algún lugar del áfrica profunda, no lejos del punto
donde había una colonia de simios, se cree que probablemente
los changos acudirían a verlo arreglar su nave durante el día
y luego al atardecer a escucharlo tocar la guitarra
sentado junto a una fogata y bebiendo alguna clase
de bebida alcohólica intergaláctica -debía hacer frío
aquellas noches prehistóricas y seguro soplaría
una especie de jodido vientecito jurásico- la última noche antes
de largarse de la tierra, el e.t. habría presumiblemente tomado
más de la cuenta, los simios tendrían ya un buen rato
de haberse retirado para irse a dormir; sólo quedaría
aquella enorme simia peluda que permanecía sentada
en una piedra situada quizás en el perímetro
del círculo de luz de la fogata, escuchando el taciturno rasgueo
de las cuerdas de la guitarra, mirando a la criatura del espacio
empinar el codo y voltear cada vez más frecuentemente
hacia donde ella estaba, una hembra de aspecto agraciado,
tal vez los peludos brazos un tanto demasiado largos, tal vez
las peludas manos un tanto demasiado grandes, con una de ellas
la chica rasguearía en su negra entrepierna como si tuviera
comezón o ardor o algo le molestara; según la hipótesis primaria
el extraterrestre habría terminado por dejar la guitarra y levantarse
y acercarse beodamente a su silenciosa admiradora; los de harvard
lograron encontrar restos de esperma no identificado
a 200 metros bajo tierra, preservado entre las vetas
de un yacimiento vírgen de antimonio; se cree que corresponden
a un coito interrumpido; existen sin embargo
millones de razones para pensar que no fue
interrumpido a tiempo
realizadas por un grupo de antropólogos de harvard,
ha salido a la luz que un extraterrestre humanoide
habría aterrizado de emergencia hace 6 millones de años
en algún lugar del áfrica profunda, no lejos del punto
donde había una colonia de simios, se cree que probablemente
los changos acudirían a verlo arreglar su nave durante el día
y luego al atardecer a escucharlo tocar la guitarra
sentado junto a una fogata y bebiendo alguna clase
de bebida alcohólica intergaláctica -debía hacer frío
aquellas noches prehistóricas y seguro soplaría
una especie de jodido vientecito jurásico- la última noche antes
de largarse de la tierra, el e.t. habría presumiblemente tomado
más de la cuenta, los simios tendrían ya un buen rato
de haberse retirado para irse a dormir; sólo quedaría
aquella enorme simia peluda que permanecía sentada
en una piedra situada quizás en el perímetro
del círculo de luz de la fogata, escuchando el taciturno rasgueo
de las cuerdas de la guitarra, mirando a la criatura del espacio
empinar el codo y voltear cada vez más frecuentemente
hacia donde ella estaba, una hembra de aspecto agraciado,
tal vez los peludos brazos un tanto demasiado largos, tal vez
las peludas manos un tanto demasiado grandes, con una de ellas
la chica rasguearía en su negra entrepierna como si tuviera
comezón o ardor o algo le molestara; según la hipótesis primaria
el extraterrestre habría terminado por dejar la guitarra y levantarse
y acercarse beodamente a su silenciosa admiradora; los de harvard
lograron encontrar restos de esperma no identificado
a 200 metros bajo tierra, preservado entre las vetas
de un yacimiento vírgen de antimonio; se cree que corresponden
a un coito interrumpido; existen sin embargo
millones de razones para pensar que no fue
interrumpido a tiempo