Kein Williams
Poeta fiel al portal
En la penumbra de un sombrío aposento,
se alza un espejo, en su marco roto,
reflejando imágenes de un pasado ignoto,
donde se ocultan secretos de tormento.
Su superficie, cual abismo profundo,
refracta la luz en formas distorsionadas,
mientras susurros siniestros, desgarrados,
resuenan en el aire, creando un mundo moribundo.
En el reflejo yace el terror inquietante,
rostros deformes, almas corrompidas,
una realidad distorsionada, retorcida,
donde la cordura se vuelve un mero espectro errante.
El espejo maldito, portal de la locura,
desvela la verdad oculta en las sombras,
revelando la oscuridad en cada mirada,
la duda atormenta, el horror perdura.
El reflejo se funde con la propia esencia,
el protagonista se pierde entre sus formas,
su ser desgarrado, sin remedio, se transforma,
yace atrapado en la eterna malevolencia.
El espejo roto, testigo de verdades oscuras,
despierta terrores insondables, perdidos,
en el éter del miedo, de los malditos,
donde las almas yacen, inertes y maduras.
En la noche eterna del espejo fragmentado,
las caras de pesadilla susurran sin cesar,
un eco lúgubre que no dejará descansar,
almas cautivas en su destino desolado.
Así, en la morada del horror y el engaño,
el espejo roto revela su secreto macabro,
un abrazo de pesar, un destino sin desdén,
donde el terror se alza en un pálido y frío paño.
Una oda al miedo, un tributo infernal,
donde la cordura hace malabarismo,
se adentra en el alma, como un canto ancestral,
la revelación de que el mayor monstruo es uno mismo.
se alza un espejo, en su marco roto,
reflejando imágenes de un pasado ignoto,
donde se ocultan secretos de tormento.
Su superficie, cual abismo profundo,
refracta la luz en formas distorsionadas,
mientras susurros siniestros, desgarrados,
resuenan en el aire, creando un mundo moribundo.
En el reflejo yace el terror inquietante,
rostros deformes, almas corrompidas,
una realidad distorsionada, retorcida,
donde la cordura se vuelve un mero espectro errante.
El espejo maldito, portal de la locura,
desvela la verdad oculta en las sombras,
revelando la oscuridad en cada mirada,
la duda atormenta, el horror perdura.
El reflejo se funde con la propia esencia,
el protagonista se pierde entre sus formas,
su ser desgarrado, sin remedio, se transforma,
yace atrapado en la eterna malevolencia.
El espejo roto, testigo de verdades oscuras,
despierta terrores insondables, perdidos,
en el éter del miedo, de los malditos,
donde las almas yacen, inertes y maduras.
En la noche eterna del espejo fragmentado,
las caras de pesadilla susurran sin cesar,
un eco lúgubre que no dejará descansar,
almas cautivas en su destino desolado.
Así, en la morada del horror y el engaño,
el espejo roto revela su secreto macabro,
un abrazo de pesar, un destino sin desdén,
donde el terror se alza en un pálido y frío paño.
Una oda al miedo, un tributo infernal,
donde la cordura hace malabarismo,
se adentra en el alma, como un canto ancestral,
la revelación de que el mayor monstruo es uno mismo.