Rosa de la Aurora
Poeta que considera el portal su segunda casa
El ESPOSO INFIEL
Anclado en su belleza,
Se apresuró sin desventura,
Se quitó la ropa sin pereza
Y vivió plenamente la aventura.
Sin pensarlo tan solo,
Olvidó lo que existía,
Buscó pronto el acomodo
Y dejó su vida vacía.
Pasado el momento
Que plenamente gozaba,
Lo encontró el remordimiento
Y le recordó que pecaba.
Rápidamente y sin pensarlo
Su ropa toda recogió,
Fue a su casa meditando
Arrepentido de lo que pasó.
En la casa su esposa,
Con su cena caliente,
Vestida como una bella rosa,
Esperando al inconsciente.
De repente una llamada
A la puerta de la habitación,
Un sobre por debajo se deslizaba,
Del pasillo hacia el salón.
Era aquello, pruebas contundentes,
Con fotos incluidas,
De aquel marido que infielmente
Tenía amores a escondidas.
Tarde ya y destrozada,
Sin pensar en otra cosa,
Llora por su vida amarga
Y el tiempo que dedicó como esposa.
Sin analizar nada siquiera,
Su mano resbala por la cocina,
Toma un puñal cualquiera
Y se hiere sin medicina.
El esposo fingiendo trabajo,
Entra a su casa escurridizo,
La encuentra tendida boca abajo
Y las fotos esparcidas por el piso.
Fue un chantaje tan solo,
Aquella que creyó linda aventura
Y que acabo al instante con todo
Lo que amaba con locura.
Llora triste y arrepentido,
Observa un manjar que lo esperaba,
Unas velas que ya se habían consumido
Y una prueba de embarazo que decía positivo.
Con el mismo puñal
Que murió su amada,
Se quita la vida al instante
Y cae muerto de una puñalada.
En el cementerio y la fría lápida,
Tres cruces han quedado,
De aquella historia trágica,
De la mujer, su esposo y su hijo esperado.
Se apresuró sin desventura,
Se quitó la ropa sin pereza
Y vivió plenamente la aventura.
Sin pensarlo tan solo,
Olvidó lo que existía,
Buscó pronto el acomodo
Y dejó su vida vacía.
Pasado el momento
Que plenamente gozaba,
Lo encontró el remordimiento
Y le recordó que pecaba.
Rápidamente y sin pensarlo
Su ropa toda recogió,
Fue a su casa meditando
Arrepentido de lo que pasó.
En la casa su esposa,
Con su cena caliente,
Vestida como una bella rosa,
Esperando al inconsciente.
De repente una llamada
A la puerta de la habitación,
Un sobre por debajo se deslizaba,
Del pasillo hacia el salón.
Era aquello, pruebas contundentes,
Con fotos incluidas,
De aquel marido que infielmente
Tenía amores a escondidas.
Tarde ya y destrozada,
Sin pensar en otra cosa,
Llora por su vida amarga
Y el tiempo que dedicó como esposa.
Sin analizar nada siquiera,
Su mano resbala por la cocina,
Toma un puñal cualquiera
Y se hiere sin medicina.
El esposo fingiendo trabajo,
Entra a su casa escurridizo,
La encuentra tendida boca abajo
Y las fotos esparcidas por el piso.
Fue un chantaje tan solo,
Aquella que creyó linda aventura
Y que acabo al instante con todo
Lo que amaba con locura.
Llora triste y arrepentido,
Observa un manjar que lo esperaba,
Unas velas que ya se habían consumido
Y una prueba de embarazo que decía positivo.
Con el mismo puñal
Que murió su amada,
Se quita la vida al instante
Y cae muerto de una puñalada.
En el cementerio y la fría lápida,
Tres cruces han quedado,
De aquella historia trágica,
De la mujer, su esposo y su hijo esperado.
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