Orfelunio
Poeta veterano en el portal
El eterno momento de un instante perdido
Perder el tiempo en la vida es no volver a encontrar esa duda que se eleva por encima de nosotros mismos, la posibilidad de una respuesta al sentido ser, que no podrá de nuevo ser rescatada, y se perderá para siempre con la incógnita sin resolver.
¿Qué es el espacio-tiempo
sino un lugar de nada,
donde todo movimiento
fluctúa con sustancia?
Con los ojos se observa, pero no basta con mirar, sino expandir a través de ellos un tiempo sin tiempo, donde la futura realidad sea el ideal de los sueños presentes, cuyo pasado observamos, llenos de la experiencia por el continuo aprendizaje. Mirar a través de los ojos nos hace conscientes de nuestra propia mirada. Las realidad se percibe con los sentidos, pero los sentidos no perciben el todo porque son una parte quebrada de un espejo mayor. Ese yo de cristal irrompible, que niega al yo realidad, es el eterno momento de un instante perdido, porque sólo el tiempo puede ser verdad, y difícil es encontrarlo sin la prismática mirada.
No puedo vivir sin ella, la necesito, la culpa siempre es de uno mismo. Por ella sufro, por ella vivo, por esa boca que no me das; por eso tengo el amor rendido, por escapo a la libertad. Y cuando al serlo, de libre estado, todo es yo mismo con los demás.
Perder el tiempo en la vida es no volver a encontrar esa duda que se eleva por encima de nosotros mismos, la posibilidad de una respuesta al sentido ser, que no podrá de nuevo ser rescatada, y se perderá para siempre con la incógnita sin resolver.
¿Qué es el espacio-tiempo
sino un lugar de nada,
donde todo movimiento
fluctúa con sustancia?
Con los ojos se observa, pero no basta con mirar, sino expandir a través de ellos un tiempo sin tiempo, donde la futura realidad sea el ideal de los sueños presentes, cuyo pasado observamos, llenos de la experiencia por el continuo aprendizaje. Mirar a través de los ojos nos hace conscientes de nuestra propia mirada. Las realidad se percibe con los sentidos, pero los sentidos no perciben el todo porque son una parte quebrada de un espejo mayor. Ese yo de cristal irrompible, que niega al yo realidad, es el eterno momento de un instante perdido, porque sólo el tiempo puede ser verdad, y difícil es encontrarlo sin la prismática mirada.
No puedo vivir sin ella, la necesito, la culpa siempre es de uno mismo. Por ella sufro, por ella vivo, por esa boca que no me das; por eso tengo el amor rendido, por escapo a la libertad. Y cuando al serlo, de libre estado, todo es yo mismo con los demás.