Ángel San Isidro
Poeta que considera el portal su segunda casa
El Farol Rojo
Paseando por la calle de una pequeña ciudad,
me encontré en la noche con la enigmática luz
que sobresalía a la entrada de un pequeño burdel,
era un luminoso farol rojo que inspiraba sexo y placer,
había a la entrada un hombre muy feo y pequeño
con ademanes de no saber que hacer,
les entregaba a los transeúntes una tarjeta
con la foto de una mujer, que en la parte de atrás decía;
"Tómese la primera copa gratis
que la segunda, la pagará usted";
Me extrañó tanto
la propuesta de ese hombre
que con mi arrogancia habitual
me animé y entré en el burdel,
era un local muy pequeño y que olía muy bien,
estaba dispuesto con mucho decoro
y muy bien acondicionado,
pero sólo había una mujer en la barra
de ese pequeño burdel,
me sentí extrañado por la ausencia
de más mujeres en tan exquisito lugar
paradisíaco,
pedí la primera copa que era gratis
según decía la tarjeta que me entregó
el trasnochado hombre de la entrada,
con ademanes de no saber lo que hacia
en tan extraño lugar,
estaba yo sólo con esa mujer que además
de ser muy atractiva y tener un cuerpo
muy sensual
tenía una lengua digna de las mejores
vendedoras del sexo y del oropel,
y según me servia el Yin Tonic la pregunté,
usted como se las arregla para servir copas
y atender las necesidades sexuales del cliente
que le pida sus favores de amazona
cuando está usted sola en este vergel,
pues nadie más puede servir copas en este
pequeño lugar, cuando detrás de la barra solo
está usted;
Esa bella y sensual mujer me dijo,
yo busco un marido que me saque
de esta profesión,
todavía soy joven y digna de merecer,
cuando alguien solicita mis favores
el local se cierra y se apaga el farol rojo,
y cuando se acaba la sesión
el local se vuelve abrir otra vez...
sin más,
así de sencillo me lo dijo esa mujer
con la mayor naturalidad,
sólo tomé la primera copa y la pagué
por decencia,
estaba seguro de que nunca me volvería
ha encontrar con tan misteriosa mujer,
ella buscaba un buen marido y competencia,
no quería tener.
Autor: Ángel San Isidro
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