sergio Bermúdez
Poeta que considera el portal su segunda casa
El fin del mundo en el habita del tiempo
se aglutinaban las masacres de rayos en el sol opuesto
en el timbre de un amuleto
en el sol opuesto
en el momento del eclipse de un trueno
así hasta repartir sus tempestades en el huracán de un incisivo mundo
se enmascaraba la lluvia en el giro de luz
se atisbaba su voluntad en el momento de la luna llena,
se quitaban los cimientos
se apoderaba el relámpago de la fiebre intensa
se arremolinaban las palabras de llamas en el mundo del momento
los ángeles tocaban sus cornetas en la señal del fin de los tiempos
se giraban sus momentos en las cumbres de ansiedad
en el momento en el que la cumbre
llevaba sus momentos a la cúspide de la realidad
se podía orquestar la melodía
de sinfonías que desmadraban la octava línea musical
en el abismo de los dioses
en la cumbre de su hipotética página al otro lado
donde las musas de la fase del tempranero triunfo
ponían al tiempo asentándose en la huella dialéctica del alba
el fanatismo de una leyenda
que pasaba al mundo de la realidad común
que ardía en la sangre de la revolución
donde los pensamientos
se ponían en los huéspedes
de donde salían crucifixiones
y demás lugares
donde ardían la luna y el sol,
donde se ponía la cumbre en la cresta del gallo
en el último acantilado
de donde venían su suerte
en la privilegiada línea entre el bien y el mal
en donde los aposentos
se ponían en el lado donde las habitaciones de las magias oscuras ponían de libre directo el record de anular el canto del último gallo
donde los momentos se ponían en el mejor aliado para demostrar la última melodía para calibrar el resultado
del ultimo apocalipsis
el resultado de regenerar las fórmulas de un orden
ese que traspasa lo prohibido y lo original.