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El fin del mundo se hace en el alma del laberinto del diablo.
El fin del mundo se hace en el alma del laberinto del diablo
se acuesta la sangre en el suelo
se mete los dedos al fuego
se eclipsa el mar y la marea
de aguas profundas
y enemigas
que se derriten al pasar la sangre carnívora
se silencian las manos
se devuelve las tos seca
se incrementa el dañino peso del alma de un clavo
y ahí en la profundidad
donde se clava a fuego lento la eternidad
donde los malabares se centran en el sol
que se acuesta en la sangre del arco iris
y ahí donde el fin del mundo
se analiza en la posada de las cuevas del sueño intenso
se repite el amanecer
en el templo de los versos
y ahí donde se mancha su piel
detenida
en la misma voz de un ayer
se incrementa el ritmo
se hace ardor en el camino
se posiciona la voz del olvido
y ahí en el mecanismo mal entendido
se puede ver rosas
ingiriendo placer
se puede ver semillas
que alzan su voz
se puede intensificar el ritmo
donde las lágrimas piden paz
donde los besos son rosas a la vez que marginados
y ahí en el temblor del olvido
donde no puede haber oscuridad
en las llamas del destino
en un fin del mundo
que tiene constancia de hablar sin piedad
que las lágrimas son graznidos
que se hacen de rogar
que las palabras incesantes
se marginan de curiosidad
que las velas increpan al alba
cuando sale el destrozo de su realidad
que los poemas habitan de día
incrementan sus noches
por el corazón de su amor
que las palabras quedan marchitas en un fin del mundo
que vuelve a atacar
que las palabras no tienen bandera
que las palabras se van en cegueras
y ahí el nombre
del recuerdo que viene
se van las glorias de un mismo lugar
y ahí en el alma cautivada
que se resbala en la gota de lluvia
que cae en los truenos
de un duro pesar
que las ardientes miradas
en el fuego del siglo
se vuelve a encender
que las pisadas se vuelven pesadas
de ver a los sueños como caminan en los alambres
conducidos en un mismo mar
y ahí en las rabias prohibidas
de duras mareas
que respiran su mal
y ahí en las costas producidas
entre carnes y huesos
desinflando a las venas
dejando de hablar
el fin del mundo que llega
las palabras se manchan
y llega el final
el eclipse del fin
testigos de un cerrar de ojos
para volver a mirar
pues se ven las pestañas cerrar las pupilas
de un mismo observar
que las llaves se pierden en el acenso directo
a un mundo de versos
por más que miremos al fuego directo
se cultiva la mancha de un claro luto
de un fuego que entierra la sangre universal
de ver a las muertes sufrir
a los besos llorar
de ver a las yemas de los dedos explotar en truenos
maleficios
de llamas incesantes
adiós al olvido
tristes las cadenas de ojos
que tapan la vista
y mueren en su soledad
el fin del mundo
que viene hacia la tierra
de una triste verdad
donde la muerte
a veces se puede considerar paz.
El fin del mundo se hace en el alma del laberinto del diablo
se acuesta la sangre en el suelo
se mete los dedos al fuego
se eclipsa el mar y la marea
de aguas profundas
y enemigas
que se derriten al pasar la sangre carnívora
se silencian las manos
se devuelve las tos seca
se incrementa el dañino peso del alma de un clavo
y ahí en la profundidad
donde se clava a fuego lento la eternidad
donde los malabares se centran en el sol
que se acuesta en la sangre del arco iris
y ahí donde el fin del mundo
se analiza en la posada de las cuevas del sueño intenso
se repite el amanecer
en el templo de los versos
y ahí donde se mancha su piel
detenida
en la misma voz de un ayer
se incrementa el ritmo
se hace ardor en el camino
se posiciona la voz del olvido
y ahí en el mecanismo mal entendido
se puede ver rosas
ingiriendo placer
se puede ver semillas
que alzan su voz
se puede intensificar el ritmo
donde las lágrimas piden paz
donde los besos son rosas a la vez que marginados
y ahí en el temblor del olvido
donde no puede haber oscuridad
en las llamas del destino
en un fin del mundo
que tiene constancia de hablar sin piedad
que las lágrimas son graznidos
que se hacen de rogar
que las palabras incesantes
se marginan de curiosidad
que las velas increpan al alba
cuando sale el destrozo de su realidad
que los poemas habitan de día
incrementan sus noches
por el corazón de su amor
que las palabras quedan marchitas en un fin del mundo
que vuelve a atacar
que las palabras no tienen bandera
que las palabras se van en cegueras
y ahí el nombre
del recuerdo que viene
se van las glorias de un mismo lugar
y ahí en el alma cautivada
que se resbala en la gota de lluvia
que cae en los truenos
de un duro pesar
que las ardientes miradas
en el fuego del siglo
se vuelve a encender
que las pisadas se vuelven pesadas
de ver a los sueños como caminan en los alambres
conducidos en un mismo mar
y ahí en las rabias prohibidas
de duras mareas
que respiran su mal
y ahí en las costas producidas
entre carnes y huesos
desinflando a las venas
dejando de hablar
el fin del mundo que llega
las palabras se manchan
y llega el final
el eclipse del fin
testigos de un cerrar de ojos
para volver a mirar
pues se ven las pestañas cerrar las pupilas
de un mismo observar
que las llaves se pierden en el acenso directo
a un mundo de versos
por más que miremos al fuego directo
se cultiva la mancha de un claro luto
de un fuego que entierra la sangre universal
de ver a las muertes sufrir
a los besos llorar
de ver a las yemas de los dedos explotar en truenos
maleficios
de llamas incesantes
adiós al olvido
tristes las cadenas de ojos
que tapan la vista
y mueren en su soledad
el fin del mundo
que viene hacia la tierra
de una triste verdad
donde la muerte
a veces se puede considerar paz.
Ayyy Sergio, el fin del mundo está dentro de cada uno, si abrimos todas las ventanas de nuestra alma a la luz, jamás nos invadirá la oscuridad y siempre tendremos delante un horizonte que vemos y que intuímos sin final. Tus versos son profundos y analizan el título de tu bello poema. Me encantó leerte querido amigo. Besazos y miles de estrellas alumbren tus cielos.