el final de la civilización.

charlie ía

tru váyolens

el final de la civilización.


por un lado, asomados siempre al borde de un abismo
que va a dar directamente hacia al infierno
por el otro,
anhelando encontrar de alguna manera a ciegas
una escalera de cristal desde donde ascender
hacia los vuelos en first class
o hacia el verano de yatecito
en las afueras de la costa azul.

la clase media, ese limbo donde todo el día
termina siendo un alea jacta est
arrullado por la capacidad de las mayores atrocidades y estupideces
que haya visto el planeta durante sus siete billones
de años de historia.
y aún así nos justificamos, nos justificamos
empecinados en creer
que la salvación está pronta.

en ese contexto, hablar de esperanza y de miedo
es solo otra manera de endulzar
al egoísmo de la célula
actuando sin restricción ni arrepentimiento
sin barrera protectora que la poesía brinde
o pedestal dawkiniano sobre el cual alzarnos
de entre la muchedumbre voraz:
hablo por experiencia propia
del final de la civilización.

ahora, la clase media me provoca
toda una variedad de razones por las cuales zambullirme
en ansiolíticos con whisky detrás del sofá,
muy a pesar de de que quizás lo mejor sería
dejarme ir límpidamente sobre la suave caricia de la ignorancia
o disfrutando de un silencio complaciente
sobre las plácidas orillas del amor.

es cierto. la clase media me hace despertar
gritando por la noche.
la clase media me hace ponerme en pie de guerra
dispuesto a tomar la espada de fuego
con tal de apartarme del precipicio a cualquier costo,
aún cuando aquello implique
que sea otro el empujado
a través de su negrura mortal.

a veces, sin embargo, sueño que no despierto gritando
sino que más bien puedo alcanzar la tranquilidad zen
de una vida de pequeñoburgués,
porque el desarrollo de la economía
bien vale que los revolucionarios encontremos
una pax de la edad madura que podamos imponer
sin miramientos a los demás,
por más que griten y pataleen-

haría falta preguntarse entonces, ¿se puede hacer la revolución
entre un precipicio y una escalera?
ante la ausencia de guerra de clases
decidimos arrodillarnos para encontrar una respuesta
en un intento estúpido por olvidar
que vamos a despertar gritando por la noche.
 
el final de la civilización.


por un lado, asomados siempre al borde de un abismo
que va a dar directamente hacia al infierno
por el otro,
anhelando encontrar de alguna manera a ciegas
una escalera de cristal desde donde ascender
hacia los vuelos en first class
o hacia el verano de yatecito
en las afueras de la costa azul.

la clase media, ese limbo donde todo el día
termina siendo un alea jacta est
arrullado por la capacidad de las mayores atrocidades y estupideces
que haya visto el planeta durante sus siete billones
de años de historia.
y aún así nos justificamos, nos justificamos
empecinados en creer
que la salvación está pronta.

en ese contexto, hablar de esperanza y de miedo
es solo otra manera de endulzar
al egoísmo de la célula
actuando sin restricción ni arrepentimiento
sin barrera protectora que la poesía brinde
o pedestal dawkiniano sobre el cual alzarnos
de entre la muchedumbre voraz:
hablo por experiencia propia
del final de la civilización.

ahora, la clase media me provoca
toda una variedad de razones por las cuales zambullirme
en ansiolíticos con whisky detrás del sofá,
muy a pesar de de que quizás lo mejor sería
dejarme ir límpidamente sobre la suave caricia de la ignorancia
o disfrutando de un silencio complaciente
sobre las plácidas orillas del amor.

es cierto. la clase media me hace despertar
gritando por la noche.
la clase media me hace ponerme en pie de guerra
dispuesto a tomar la espada de fuego
con tal de apartarme del precipicio a cualquier costo,
aún cuando aquello implique
que sea otro el empujado
a través de su negrura mortal.

a veces, sin embargo, sueño que no despierto gritando
sino que más bien puedo alcanzar la tranquilidad zen
de una vida de pequeñoburgués,
porque el desarrollo de la economía
bien vale que los revolucionarios encontremos
una pax de la edad madura que podamos imponer
sin miramientos a los demás,
por más que griten y pataleen-

haría falta preguntarse entonces, ¿se puede hacer la revolución
entre un precipicio y una escalera?
ante la ausencia de guerra de clases
decidimos arrodillarnos para encontrar una respuesta
en un intento estúpido por olvidar
que vamos a despertar gritando por la noche.

Creo que la clase media sabe, entiende, asume que hay esferas que no podrá alcanzar y desde lo que puede tener comprende el dolor de las clases más bajas y cada día agradece su destino.
No es casual que sean los que más ayudan incluso con recursos escasos y sin apoyo de nadie.
Siempre que hablemos de personas con un lado humanitario, ya que superficiales, ególatras y anestesiados- por el motivo que sea- existen en los tres niveles.
Es el mundo que tenemos.
Me alegra mucho en verdad volver a leerte siempre con temas excelentes y profundos que hacen pensar.
Que tengas una semana de puros buenos momentos.
 
Última edición:
Creo que la clase media sabe, entiende, asume que hay esferas que no podrá alcanzar y desde lo que puede tener comprende el dolor de las clases más bajas y cada día agradece su destino.
No es casual que sean los que más ayudan incluso con recursos escasos y sin apoyo de nadie.
Siempre que hablemos de personas con un lado humanitario, ya que superficiales, ególatras y anestesiados- por el motivo que sea- existen en los tres niveles.
Es el mundo que tenemos.
Me alegra mucho en verdad volver a leerte siempre con temas excelentes y profundos que hacen pensar.
Que tengas una semana de puros buenos momentos.

efectivamente cecy todas las llamadas 'clases' son capaces de cosas extremadamente buenas y de cosas extremadamente malas - lo que pasa es que en nuestro mundo posmoderno en esta tercera década del siglo veintiuno, más que nunca, el destino del planeta parece depender menos de las clases trabajadoras e incluso de las élites, y más de este etéreo grupo conocido como 'clase media', del cual también formo parte.

también hay un poco de autocrítica acá, en el sentido de que aquellos idealismos de la juventud que probablemente teníamos muchos, digamos que se van acomodando a ciertos criterios de clase cuando ya llegamos a cierta edad. más que nunca, la guerra y la paz, ela prosperidad y la destrucción, el invierno y el verano se ven a sí mismos atrapados entre esa dicotomía del precipicio o la escalera.

de todas formas, yo creo que de nada vale martirizarnos cecy. hay que ser fuertes, sea invierno o sea verano, o sea barbarie o civilización.

por otro lado, qué bueno recibir tu visita, gracias cecy cecy.

salud a vos.
 

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