BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hace un frío eterno
golpeando sílabas y estériles estrofas
aniquilando en su cuarto viejas estatuas
perentorias formas inacabables. La luz,
ese colgajo del día, descansa inútil,
sobre sus brazos derrotados; la oscuridad,
todo ese triunfo anestesiado de lo plural
y autónomo, esa victoria insensible
de lo que asesta y maniobra, fulgurante.
Atrás quedan los días metafóricos
las alegrías sucesivas y el plano indemostrable.
Atrás los largos cabellos, las plantas oriundas,
las nativas festividades y el alcohol sugestivo.
Y yo golpeo mi ventana, defendiendo
aquello que no quiero ni deseo.
Mástiles indecentes, savias conjuntivas,
llanezas irreprimibles, el asco supremo de lo que me hizo
libre.
©
golpeando sílabas y estériles estrofas
aniquilando en su cuarto viejas estatuas
perentorias formas inacabables. La luz,
ese colgajo del día, descansa inútil,
sobre sus brazos derrotados; la oscuridad,
todo ese triunfo anestesiado de lo plural
y autónomo, esa victoria insensible
de lo que asesta y maniobra, fulgurante.
Atrás quedan los días metafóricos
las alegrías sucesivas y el plano indemostrable.
Atrás los largos cabellos, las plantas oriundas,
las nativas festividades y el alcohol sugestivo.
Y yo golpeo mi ventana, defendiendo
aquello que no quiero ni deseo.
Mástiles indecentes, savias conjuntivas,
llanezas irreprimibles, el asco supremo de lo que me hizo
libre.
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