G. Sarmiento
Poeta asiduo al portal
¡Qué extraño frutal tienes en tu pecho
que, siendo pleno, da un medio amor,
como quien da media luna, o medio sol!
Si todo mi anhelo fuera mero antojo
y mi antojo tu frágil y pálido espejo,
te daría medio verso y media estrofa,
medio de nada, o de cualquier cosa,
y hasta te fraccionaría el cielo.
Pero no quiero, ni puedo…
Algo viejo arrastran mis mañanas
que ninguna llama a ese malquerer
y, aunque lo intentara, no podría ser.
Soy manzano enano que se agiganta
y pone en tu mano la fruta entera;
y tanto si la tomas, como si la dejas,
yo libremente te la doy.
De haber nacido para ser un reflejo,
o medio cielo, o medio sol,
a nadie escapa que, ni daría manzanas,
ni tendría en este pecho un corazón.
G.S.A.
Última edición: