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El futuro que aterra. (Claudia)

Tema en 'Prosa: Surrealistas' comenzado por Lirae, 10 de Enero de 2019 a las 1:23 PM. Respuestas: 0 | Visitas: 23

  1. Lirae

    Lirae Poeta que considera el portal su segunda casa

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    Algunas tertulias con Claudia, me resultan difícil de narrar, hago un esfuerzo para seguirla hasta esa subrealidad en la que se ha refugiado. Por otro lado, cuando veo en su rostro lo que en ella produce el poder sumergirse en las profundidades de ese mundo inventado, siento celos de ella...no debería, pero a veces me gustaría cambiarme por ella.
    Me cuesta mucho escribir en tercera persona, por eso siempre dejo que sea ella quien hable por mis labios y lo relato como si ella me tomara los dedos y empezara a teclear...Tiene mi beneplácito, pues ella siempre será parte de mi…

    Una vez más, no se, no entiendo como he llegado a esa casa tan llena de luz, tan blanca, tan brillante. En las paredes no hay ni una sola marca, ni una sola mancha , ni un solo cuadro, brillan como si estuvieran pulidas, tanto, que me encandilan…
    El sol entra a raudales, mas no alcanzo a ver por donde, pues no hay ventanas, no obstante se que fuera hay un jardín maravilloso pues me llega el aroma a flores silvestres y escucho el acompasado baile de los arboles. Me miro y estoy casi perfecta, nunca me había visto con tan buen aspecto. Mi pelo esta corto, pero suave como la seda y mi piel está libre de cualquier mancha ni arruga. Y la casa...¡La casa es preciosa!
    No se porqué, he puesto cámaras de vigilancia en las entradas, no se qué es lo que temo, pero evito los muchos muebles que nublen mi visión, evito las cortinas, evito las esquinas. La casa es por decirlo de alguna manera, redonda. El salón es redondo, y el pasillo es ovalado, sin ninguna esquina...Lo recorro muchas veces, voy del salón a las cámaras , de las cámaras al salón, y me siento bien, aunque en completa soledad. Quisiera saber que es lo que temo…
    Alguien me habla desde el baño, no se como le he oído, pues es grande la distancia y él solo ha susurrado..”No hay nadie, Claudia, no tienes nada que temer, solo estás tú”
    Me dirijo hacia el baño y allí está él, me hace gracia verle dentro de la bañera espumosa y cálida.
    Estoy desconcertada, ¿qué hace allí?
    Me parece raro también que precisamente en el baño, en el lugar , digamos mas vulnerable, si haya un gran ventanal...Es enorme y da al jardín repleto de verde, de árboles y de rosas amarillas...El cuadro es maravilloso...el baño es tan blanco y brillante como el resto de la casa.
    Esta todo tan ordenado y limpio que me extraña ver un gran montón de ropa mía, no se si sucia , en un rincón del baño...Él nota mi desconcierto y me invita a preguntar con su mirada…
    -¿Qué es toda esa ropa? Le pregunto al fin…
    -Son todas las capas de pieles que conmigo te quitas Claudia.

    Entendí entonces porque me sentía tan bien, tan , digamos liviana de peso en aquella casa, allí era yo al completo, sin vergüenzas, sin mas temor que lo de afuera, sin prejuicios, era solo yo.
    Mas me seguía preguntando que había fuera que tanto temía...Y no se como de pronto me encontré en un bosque totalmente gris, con arboles desnudos sin ser otoño, con mi aliento gélido sin ser invierno, aun las estaciones habían desaparecido, no había calendario, ni relojes, solo había tiempo, días eternos mezclados de noches , días grises sin más.
    No se como contuve el llanto cuando me miré, mi aspecto era el de casi una anciana, pero descuidada por completo...tenia ropa del pasado, de cientos de años atrás, una falda que me cubría hasta los pies, una blusa y un chaleco como de lana. La ropa estaba bastante roída, y desgastada. Lo curioso es que estaba en el futuro, no podía entenderlo. En aquel bosque había dos personas mas conmigo, todos teníamos armas, la mía era para cazar, supongo que para alimentarme...Aunque no llegué a utilizarla.
    Me volví a casa sola. Esta casa era la misma en la que estaba antes, la brillante, la hermosa, la bonita, la llena de luz...pero ahora, era todo lo contrario, era gris, las paredes rezumaban humedad, el moho las cubría, estaban ennegrecidas, frías. El suelo, que en la otra casa era como un espejo, en esta estaba cubierto de tierra, los pocos muebles estaban rotos y podridos...Y no hace falta decir como era el jardín...No existía el verde, los arboles estaban muertos y las rosas amarillas...las rosas eran como un cuento de ficción.
    Cuando entré alguien me esperaba en el salón, sabia que era él, pero esta vez su aspecto era distinto, estaba vestido como si fuera un guardián...y yo, sentí vergüenza de que viera mi aspecto y tuve temor de que descubriera mi arma, mas no la escondí, supongo que me dio igual.
    Yo solo le miraba, él parecía del futuro pasado, del lugar de donde yo venia…
    -Te has mirado Claudia, me dijo. Sigues asustada como siempre...No he venido a hacerte daño, solo he venido para que te mires en un espejo limpio…
    Me miré y lloré, no era yo...mi yo me golpeaba por dentro con odio, para que le dejara salir.
    Entonces él me dijo, ¿qué haces con todas esas ropas viejas y sucias?
    -No se como he llegado aquí...de veras. Le contesté. Y en ese momento, mis piernas se aflojaron tanto que mis rodillas se doblaron y yo caí al suelo, tapando mi cara y llorando.
    El llanto me venció y me dormí…
    Desperté cuando el doctor Doyle llegó a la habitación…Supe que estaba en casa, cuando mis pulmones se llenaron del aroma de las rosas amarillas que cada día sin que existieran estaciones, Pablo dejaba en una jarrita en mi habitación...
    Me volvía a mi “realidad” , volvía a la casa gris de mi refugio, a mi casa.
    Salté de la cama, me miré al espejo, ¡era yo! Me quite la camisa blanca de dormir, y con ella me desnudé del pasado, como si de piel se tratara. Me sumergí en la bañera, esperando que el agua arrancara el terror que el futuro me causaba.
    Después bajé las escaleras, hacia mi realidad y comprobé con cierta alegría que todo estaba igual. Allí estaba mi amado Aitor con su violín deleitando el entorno con la melodía de sus cuerdas . Comprobé que , como cada mañana, Martina había preparado esas infusiones que llenaban la estancia de aromas a hierba buena y menta, a te con canela y miel...y yo seguí bajando despacio, y me senté en mi presente...

    SHA.
     
    #1
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