José rubiel Amaya Amaya
Poeta asiduo al portal
Sin poder hablar,
no más observando,
le toco graznar,
y armar espaviento.
Un malvado perro,
con filosos dientes,
quería desplumar,
al ganso valiente.
Estando maltrecho,
se dio a la batalla,
y herido en el pecho,
casi no se calla.
Lucho como pudo,
y, mucha bulla hizo,
y, del perro peludo,
por fin se deshizo.
Como un milagro,
apareció el finquero,
quien vino a salvarlo,
en acto sincero.
Hoy muy asustado,
se encuentra en la piedra,
rodeado de agua,
se siente seguro.
Allí…! En el lago,
observa paciente,
el perro amarrado,
al sol inclemente.
Pero no se jacta,
de aquel cruel destino,
que mantiene aullando,
al perro asesino.
no más observando,
le toco graznar,
y armar espaviento.
Un malvado perro,
con filosos dientes,
quería desplumar,
al ganso valiente.
Estando maltrecho,
se dio a la batalla,
y herido en el pecho,
casi no se calla.
Lucho como pudo,
y, mucha bulla hizo,
y, del perro peludo,
por fin se deshizo.
Como un milagro,
apareció el finquero,
quien vino a salvarlo,
en acto sincero.
Hoy muy asustado,
se encuentra en la piedra,
rodeado de agua,
se siente seguro.
Allí…! En el lago,
observa paciente,
el perro amarrado,
al sol inclemente.
Pero no se jacta,
de aquel cruel destino,
que mantiene aullando,
al perro asesino.
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