Pablo Martínez Alonso
Poeta asiduo al portal
Un día el gigante egoísta iba triste por la vida, cosas habían pasado y él ya no quería seguir caminando. Dormir era suficiente para él. Un día salió de su cueva y vio una hermosa flor en el campo, pero esa flo estaba medio marchita, la habían pisado en reiteradas ocasiones. Cuando el Gigante la vio se sintió mal por ella y pensó que tenía que ayudarla, entonces la replantó en una maseta y la comenzó a cuidar. Pronto el Gigante se encontró contándole sus problemas y su vida a esa flor mientras ella le escuchaba pacientemente; entonces él dejó de verla como una flor y empezó a pensar en ella como una amiga, como una cómplice de sus aventuras y le fue tomando más y más cariño hasta que fue amor. El Gigante comenzó a sentirse feliz de nuevo y a querer hacer más cosas por ella y por él. Un día le dijo que la quería, no como una flor ni como una amiga... y ella le correspondió. Le entregó uno de sus pétalos. El regalo más lindo que el Gigante jamás recibió, y por un tiempo fue feliz y la flor fue mejorando poco a poco. Un día, cuando la flor ya estaba recuperada y el Gigante tan lleno de amor que comenzó a querer ser más que gigante y flor, ella lo rechazó y le confezó que sólo le había dicho que no lo veía sólo como un gigante por pena y no por amor, porque él estaba tan maltratado o más que ella. Eso destrozó al Gigante que se alejó un tiempo de la flor, pero luego ella era necesaria para él por el vínculo que habían creado... para él era demasiado grande como para permitir que se rompiese, pero cuando comenzó a acercarse nuevamente a la flor, se dio cuenta de que ella desiaba estar con otras flores. Él la conocía. Como quería lo mejor para ella, le pidió que dejaran de ser amigos y la replantó en un jardín lleno de flores que era bien cuidado. Allí la flor no lo necesitaría más. Él como un Gigante Egoísta se quedó desangrando por dejar ir a la más bella "posesión" que él tenía, pero como parte de la codicia es querer lo mejor, él quería lo mejor para la flor. Él no lo era. El Gigante lo aceptó, ellá vivió feliz para siempre y en poco tiempo se olvidó de Gigante. Él aún la recuerda, aunque sea sólo por lo bueno que fue enamorarse de una flor.
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