Erina de Telos
Poeta recién llegado
El caso es que nunca me había propuesto nada verdaderamente importante en mi vida. Me contentaba con observar las victorias ajenas, alabarlas, y soñar con que algún día yo lograría alcanzar las más altas cotas de admiración y orgullo sin poner nada de mi parte. Sentía que el cómputo de las sensaciones que había vivido a lo largo de los años era suficientemente alto como para asombrar a cualquier ser humano, y que no necesitaba hacer absolutamente nada más para demostrar al mundo mi genialidad. Tal vez fuera ese alarde de egocentrismo el que provocara la más absoluta de mis derrotas contra rivales que, aun a riego de sonar exagerada, no me llegaban ni a la suela de los zapatos. Desvié mi vida hacia una mezcla de arrogancia condimentada con autosuficiencia que no hizo más que alejarme de aquello que quería tanto como me quería a mí. Me volví insufrible, cabezota, altanera, borde y caprichosa. Con el ego por las nubes es difícil observar al resto del universo y darse cuenta de que tu verdadero ser se encuentra enterrado bajo tierra por aquellos que creías te llevaron a la victoria. ¡Qué absurdo! Abrir los ojos en ese momento resultaba demasiado dañino para el resto, pues mi utópica luz deslumbraba a todo aquel que intentara frustrarme. Pero venga ya
Todos sabemos que nada es para siempre, y que contra más alto subes, más dura es la caída. En mi caso resultó descomunal; siete puntos en la frente, los labios partidos y una nota en la nevera que me recordaba que estaba completamente vacía y sola.
Pero bueno, de errores se aprende entre que otros se comete. Las cosas nunca son fáciles, y aun más si comienzas desde cero. El secreto está en imponerse, pero sin trampas. Hacerse respetar tras haberte humillado para recuperar lo que perdiste por tonto. Guardar las garras, agachar la cabeza, y reconocer que el mundo no es mejor que tú, pero que tú tampoco eres mejor que nadie. Es muy fácil dejarse llevar y prescindir de todo lo que un día tuvo valor, ya sea material o sentimental. Pero tiene más mérito reconocer la gilipollez propia y amarrarla a unos barrotes para que no te vuelva a encandilar. No, si tonterías vas ha hacer muchas a lo largo de tu vida, ¿Por qué agotar el cupo tan pronto?
Pero bueno, de errores se aprende entre que otros se comete. Las cosas nunca son fáciles, y aun más si comienzas desde cero. El secreto está en imponerse, pero sin trampas. Hacerse respetar tras haberte humillado para recuperar lo que perdiste por tonto. Guardar las garras, agachar la cabeza, y reconocer que el mundo no es mejor que tú, pero que tú tampoco eres mejor que nadie. Es muy fácil dejarse llevar y prescindir de todo lo que un día tuvo valor, ya sea material o sentimental. Pero tiene más mérito reconocer la gilipollez propia y amarrarla a unos barrotes para que no te vuelva a encandilar. No, si tonterías vas ha hacer muchas a lo largo de tu vida, ¿Por qué agotar el cupo tan pronto?
Última edición: