Fausto Ruber
Poeta recién llegado
Nos encontrábamos solos en un rincón que el universo apartó exclusivamente para nosotros. La música que nos rodeaba no era sino una melodía compuesta por los latidos acelerados de mi corazón, y el tintineo rítmico de sus lágrimas al morir suicidas contra el suelo. Flotábamos en una cálida oscuridad, donde sólo existíamos ella y yo. Entonces tuve la dicha de poder contemplarla una vez más, de detallar cada uno de sus rasgos sin omitir detalle alguno: la espesa y ondulada melena de cabello negro le caía por detrás de los hombros, dejando abandonados algunos mechones en su frente y en las mojadas mejillas; sus ojos castaños irradiaban cierta infantil alegría que constantemente me enternecía el corazón, grandes templos donde hallaba consuelo con sólo mirarles; sus labios, como tallados por los dioses, eran la obra de arte más hermosa que ningún mortal podría ver jamás; su risa era un milagro, tan encantadora, mágica, honesta y pura, libre de toda malicia, cargada de bondad y de un amor aparentemente infinito; semejante escultura terminaba decorada con un aura de inocencia que no hacía sino atravesar inmisericorde mi corazón, dejándome irremediablemente cada vez más enamorado.
Con cuanto anhelo deseaba yo conocer los motivos de aquel llanto que me apaleaba el corazón. De sus ojos parecían caer gotas de mi sangre pues, con cada lágrima suya derramada, sentía como se me iba de a poco la vida. Deseaba con todo mi ser saber la causa de su llorar, sin embargo, en el fondo aquello no importaba, mi misión ya había sido asignada.
Con la cautela precisa para no importunar tan delicado momento, a ella me acerqué con paso firme, cual soldado que parte valiente a una batalla mortal. Sin permitirle decir una palabra, pues cualquier explicación suya podría moldear el carácter de mi discurso, procedí a disparar aquello que en mi corazón albergaba, mis más sinceros deseos, mi primera y única exhalación de amor verdadero.
A partir de hoy seré el guardián de tu sonrisa,
sombra silente que vela por tu risa.
Si la tristeza te invade y lágrimas derramas de nuevo,
invócame y prometo tus penas me llevo.
Hasta ahora de buen amigo me he disfrazado,
y quizá muy callado me he quedado.
Pero ahora mis sentimientos revelo,
y te advierto, no sólo pretendo brindarte consuelo.
Mi intención es contigo estar en las buenas y las malas,
abrirte la puerta al jardín de las hadas.
Donde se oculta la eterna alegría,
aunque para conseguírtela a cualquier lugar iría.
Soy un niño, lo sé,
y hoy juro, tu caballero seré.
Por siempre estaré a tu lado,
y te amaré como nadie te ha amado.
La vida no será siempre alegrías y goce,
y hasta por mi causa puede que solloces.
Sin embargo te prometo,
a que en tus días la felicidad predomine me comprometo.
Permíteme entrar, querida princesa,
no fallaré en tan noble empresa.
Hacerte feliz será mi misión,
es una promesa de corazón a corazón.
Aunque puede que mi puntería falle,
y el amor definitivo en mí no halles.
Entonces, mi disfraz de amigo volveré a ocupar,
y desde las sombras te volveré a cuidar.
Y desde entonces, me convertí en la espada que sesga la noche y trae el amanecer, el escudo que aguanta tormentas y aleja los males, la fortaleza que guarda su risa como el tesoro más preciado. Nuestra historia de amor tuvo lugar y los engranajes de nuestro destino comenzaron a moverse. En el mundo sólo existíamos nosotros, no había nada más que amar. Y desde entonces, me convertí en el guardián de su sonrisa, y sin darme cuenta, ella guardaba la mía. Y aunque nunca supe la razón de su llorar, vivimos felices hoy, con la esperanza de mantenernos así para siempre.
El Guardián
@FaustoERuber

:: Ni sabía que ya tenía Reconocimiento. Pero igual, me sirva para felicitarlo y decir que este premio ha sido ganado con creces. Muchas felicitaciones, Fausto. Que solo sea el primero.