Rafael_Leon
Poeta asiduo al portal
El haiku
Del ejercicio de la contemplación o el acecho de la belleza
Porchia escribio, "Lo hondo, visto con hondura, es superficie" de igual modo tendriamos que, la superficie, vista con hundura, tambien se hace hondura. En este mundo repleto de cosas, son todas las cosas vanas o sagradas, son todas ellas superficiales o profundas, es lo mismo o da igual. La profundidad del haiku es su superficie y su superficie es la profundidad, forma y contenido son lo mismo, no hay nada que agregar, solo podemos contemplar:
Labrando el campo:
La nube inmóvil
Se ha ido.
Mientras se labra el campo, una nube que parecia inmovil, se ha ido, solo podemos decir eso, es decir: lo mismo pero con otras palabras. En la contemplación no sucede un reflexionar ante los hechos, sino un despertar ante el fenomeno. A tal despertar lo llamamos iluminación o satori: vida consciente del aqui y ahora. Volvamos a contemplar:
El viento de invierno sopla,
los ojos de los gatos
parpadean.
Nuevamente sin nada que decir, un viento que sopla, unos gatos que parpadean, solo es eso y nada más. En este haiku, el tiempo -y no me refiero al invierno, sino al parpadeo- al igual que en el anterior donde esta esa nube que se va y se ha ido, sucede sin que nadie pueda detenerlo, y es que enrealidad no se intenta detener, no hay una lucha ante el tiempo. El haikuista en el ejercicio de la contemplación es como un espejo, no toma pero tampoco repele, recibe pero no conserva.
La vieja charca:
una rana salta adentro,
¡oh!, el chasquido del agua.
o
Sobre el estanque muerto
Un ruido de rana
Que se sumerje.
¿Que es esto de la rana y el estanque? Nada, solo una rana que se sumerge en un agua que estaba quieta y ya no lo esta. Solo hay eso, no busquemos más, nada nos sera revelado. Sin embargo al leerlo se nos viene una pequeña sucesión de imagenes, como si nosotros mismos hubiesemos contemplado el instante en que ello ha sucedido, como si la memoria nos perteneciese.
Ante este blanco
crisantemo, las mismas
tijeras dudan.
Quien sostiene las tijeras pudiese ser cualquiera, asi como en la nube, los gatos y el estanque, el haiku se escribe como la memoria sensitiva del sujeto hacia los fenomenos de la naturaleza. El sujeto en la contemplación, con su casa ya vacia, y descargada de sombras e identidades, presta su miriada de la experiencia sensible, no como un yo referente, sino como un no-yo desde el cual hacer al lector referente. Entonces si aceptamos esto, tendriamos que:
La experiencia del haiku: es la de una memoria sin tiempo, refractada al lector desde la vacuidad de un sujeto innominado.
Del ejercicio de la contemplación o el acecho de la belleza
Porchia escribio, "Lo hondo, visto con hondura, es superficie" de igual modo tendriamos que, la superficie, vista con hundura, tambien se hace hondura. En este mundo repleto de cosas, son todas las cosas vanas o sagradas, son todas ellas superficiales o profundas, es lo mismo o da igual. La profundidad del haiku es su superficie y su superficie es la profundidad, forma y contenido son lo mismo, no hay nada que agregar, solo podemos contemplar:
Labrando el campo:
La nube inmóvil
Se ha ido.
Mientras se labra el campo, una nube que parecia inmovil, se ha ido, solo podemos decir eso, es decir: lo mismo pero con otras palabras. En la contemplación no sucede un reflexionar ante los hechos, sino un despertar ante el fenomeno. A tal despertar lo llamamos iluminación o satori: vida consciente del aqui y ahora. Volvamos a contemplar:
El viento de invierno sopla,
los ojos de los gatos
parpadean.
Nuevamente sin nada que decir, un viento que sopla, unos gatos que parpadean, solo es eso y nada más. En este haiku, el tiempo -y no me refiero al invierno, sino al parpadeo- al igual que en el anterior donde esta esa nube que se va y se ha ido, sucede sin que nadie pueda detenerlo, y es que enrealidad no se intenta detener, no hay una lucha ante el tiempo. El haikuista en el ejercicio de la contemplación es como un espejo, no toma pero tampoco repele, recibe pero no conserva.
La vieja charca:
una rana salta adentro,
¡oh!, el chasquido del agua.
o
Sobre el estanque muerto
Un ruido de rana
Que se sumerje.
¿Que es esto de la rana y el estanque? Nada, solo una rana que se sumerge en un agua que estaba quieta y ya no lo esta. Solo hay eso, no busquemos más, nada nos sera revelado. Sin embargo al leerlo se nos viene una pequeña sucesión de imagenes, como si nosotros mismos hubiesemos contemplado el instante en que ello ha sucedido, como si la memoria nos perteneciese.
Ante este blanco
crisantemo, las mismas
tijeras dudan.
Quien sostiene las tijeras pudiese ser cualquiera, asi como en la nube, los gatos y el estanque, el haiku se escribe como la memoria sensitiva del sujeto hacia los fenomenos de la naturaleza. El sujeto en la contemplación, con su casa ya vacia, y descargada de sombras e identidades, presta su miriada de la experiencia sensible, no como un yo referente, sino como un no-yo desde el cual hacer al lector referente. Entonces si aceptamos esto, tendriamos que:
La experiencia del haiku: es la de una memoria sin tiempo, refractada al lector desde la vacuidad de un sujeto innominado.