Luciana Rubio
Poeta veterano en el portal
La verdad me causa angustia esta necesidad,
es como el hambre, aparece y hay que satisfacerla,
uno ha de moverse ha conseguir alimento
o tortura hasta que logras meter algo al estómago.
Igual la necesidad de pareja.
Está ahí torturándote el cuerpo, la mente, el sueño,
hasta que sales por ahí en su búsqueda
con todas las restricciones sociales del caso.
Y buscas un macho, pero los que te gustan no están interesados
y los que lo están, no te gustan,
o no la manera en que pueden interaccionar contigo.
Porque luego ya no te puedes poner moños,
ya lo que puedes ofrecer poco interesa a nadie.
Y acabas por aceptar que ya no es posible,
pero te sigue urgiendo la compañía,
la mirada infinita que se refleje en tus ojos,
el preocuparte por alguien,
sentirte necesitada, para poder recibir compañía.
Y es esa hambre que te hace sentir famélica.
Sabes que estás fuera de tiempo.
El tiempo se llena ya con tan pocas cosas y es largo a veces.
Ubicarte fuera del ámbito de lo adecuado, de lo acostumbrado.
Es que ya no eres.
Lo que eres ahora no te gusta ni le gusta a nadie.
Te dicen “madre” por la calle, eso si te ven, pero ya casi no te ven.
Y prefieres quedarte en casa,
pero el ansia de tener contacto te saca y vas y buscas
y eres como un fantasma. Te sientes un fantasma.
Buscas a los hijos y ellos están viviendo,
su tiempo, su espacio y no les haces falta.
No les haces falta y no quieres molestar
y te sonríen y les sonríes y te vas a tu casa.
Quédate en tu casa y no te mal emplees.
Y escribes, inventas rimas, ritmos y colores,
pero eso no satisface.
Siempre está el ansia, el ansia de vida,
el ansia de florecer y necesitas semilla.
es como el hambre, aparece y hay que satisfacerla,
uno ha de moverse ha conseguir alimento
o tortura hasta que logras meter algo al estómago.
Igual la necesidad de pareja.
Está ahí torturándote el cuerpo, la mente, el sueño,
hasta que sales por ahí en su búsqueda
con todas las restricciones sociales del caso.
Y buscas un macho, pero los que te gustan no están interesados
y los que lo están, no te gustan,
o no la manera en que pueden interaccionar contigo.
Porque luego ya no te puedes poner moños,
ya lo que puedes ofrecer poco interesa a nadie.
Y acabas por aceptar que ya no es posible,
pero te sigue urgiendo la compañía,
la mirada infinita que se refleje en tus ojos,
el preocuparte por alguien,
sentirte necesitada, para poder recibir compañía.
Y es esa hambre que te hace sentir famélica.
Sabes que estás fuera de tiempo.
El tiempo se llena ya con tan pocas cosas y es largo a veces.
Ubicarte fuera del ámbito de lo adecuado, de lo acostumbrado.
Es que ya no eres.
Lo que eres ahora no te gusta ni le gusta a nadie.
Te dicen “madre” por la calle, eso si te ven, pero ya casi no te ven.
Y prefieres quedarte en casa,
pero el ansia de tener contacto te saca y vas y buscas
y eres como un fantasma. Te sientes un fantasma.
Buscas a los hijos y ellos están viviendo,
su tiempo, su espacio y no les haces falta.
No les haces falta y no quieres molestar
y te sonríen y les sonríes y te vas a tu casa.
Quédate en tu casa y no te mal emplees.
Y escribes, inventas rimas, ritmos y colores,
pero eso no satisface.
Siempre está el ansia, el ansia de vida,
el ansia de florecer y necesitas semilla.