Ya no quiere y no necesita volver sobre sus pasos,
ya el tiempo ha trascendido en sus reclamos
porque tiene de sostén un fiel cayado
que le exige sostenerle sin soltarlo.
Poco dicen ya las nubes cuando saltan
de montaña en montaña en sus anhelos,
sólo atinan a huir despavoridas
ante el mínimo vaivén de sus ventiscas.
Ahora tiene el transcurso detenido
de sus sueños en su portal tranquilo;
nada pide, poco aspira, su corazón heroico
en su lista de ilusiones, prodigado.
Más allá de sus sueños realizados
y bien acá de sus últimos deseos,
invariable, se avista su cita complacida
con la paz, la verdad y la cordura:
recompensa auténtica de su propio tiempo.
Fruto del primer amor y de la esperanza última,
es el hombre cumplido con mayúsculas,
aunque el mundo siga dando vueltas a sí mismo
en la búsqueda interminable de su rumbo:
él es el crepúsculo del cosmos nunca concluido