Alexiz
Poeta adicto al portal
Mis ojos impuestos están a mirar de noche
y adentrarse en cualquier lugar oscuro.
Airoso salgo de mis andanzas.
Mas una voz me dijo un día:
"hijo de mi enemigo ¿a qué viniste?
Yo no otorgo perdón:
los pecados del padre pasan al hijo".
Y me paralicé un segundo
antes de empezar
mi viaje a las estrellas:
Esa oscura noche,
mi visual entera se asemejaba
a un hondo hueco alzado en el cielo,
cavado en la brunesca y basta anchura
del sideral espacio.
Alcé mi mirada al cielo de nuevo,
aún amedrentado,
y vi a la luna roja,
como bañada en vino.
Entonces desde su más hondo cráter,
sentado en un profundo hueco
cavado en su singular figura redonda
me miraba el hombre de la luna,
pensativo, amenazante.
Pensé volver por mi camino,
cuando se alzó sobre sus pies
aquel hombre y se lanzó de lleno
hacia la tierra.
La luz después se hizo opaca,
la luna volvíase cada vez más roja.
Y yo, de frente a ese hombre luminoso...
me hacía de aire y luz y nada.
"Como cuando te deshaces al desvanecerte,
pequeño heredero evanescente"
me sentenció al final el hombre de la luna.
Y volvió a su cuna envuelto en llamas.
y adentrarse en cualquier lugar oscuro.
Airoso salgo de mis andanzas.
Mas una voz me dijo un día:
"hijo de mi enemigo ¿a qué viniste?
Yo no otorgo perdón:
los pecados del padre pasan al hijo".
Y me paralicé un segundo
antes de empezar
mi viaje a las estrellas:
Esa oscura noche,
mi visual entera se asemejaba
a un hondo hueco alzado en el cielo,
cavado en la brunesca y basta anchura
del sideral espacio.
Alcé mi mirada al cielo de nuevo,
aún amedrentado,
y vi a la luna roja,
como bañada en vino.
Entonces desde su más hondo cráter,
sentado en un profundo hueco
cavado en su singular figura redonda
me miraba el hombre de la luna,
pensativo, amenazante.
Pensé volver por mi camino,
cuando se alzó sobre sus pies
aquel hombre y se lanzó de lleno
hacia la tierra.
La luz después se hizo opaca,
la luna volvíase cada vez más roja.
Y yo, de frente a ese hombre luminoso...
me hacía de aire y luz y nada.
"Como cuando te deshaces al desvanecerte,
pequeño heredero evanescente"
me sentenció al final el hombre de la luna.
Y volvió a su cuna envuelto en llamas.
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