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El hombre invisible (para Lesmo)

E.Fdez.Castro

Poeta que considera el portal su segunda casa
El hombre externo no tiene importancia,
el alma, sin embargo, hasta el extremo.
Mientras dormimos somos inconscientes
del físico, mas sí del otro nuestro.
Pues el ser invisible es más real,
sin él, sería inútil nuestro cuerpo.
Si bien, imperceptible a los sentidos,
se halla todo el físico, por dentro;
un cuerpo idéntico a la hermosa luz:
el alma, en el astral revestimiento.
Si alguna mano tienes amputada
seguirás percibiendo tú tal miembro
por existir, astral e imperceptible,
de cada parte física del cuerpo.
Un corazón astral tras el somático,
sin el que nunca latiría el nuestro.
Igualmente los huesos y los nervios,
la vista y el oído astral y el seso.
Son órganos de luces y energías,
exactas copias todas son del cuerpo.
No digas ciego o manco estoy pues nunca,
padecerás tales impedimentos;
tus ojos y tus manos son etéreos
si todavía están, y son de hecho.
Jamás debes pensar que los ocultos
son dañados por físicos enfermos,
para impedir que tales energías
fluyan en partes físicas del cuerpo.
Eléctricas corrientes circulando
a través de los cables con acero:
existe el cable por los electrones
y no los electrones para el hierro.
Talmente el cuerpo está para su alma
pero no vive el alma para el cuerpo.
No obstante deberá haber condiciones
para que el alma esté de hecho dentro.
Si lo invisible no estuviese atado
por mar caminaríamos y cielo
y al cabo del paseo en los lugares
podríamos estar ya de regreso.
Miradas sensoriales más directas
que sus homólogas del cuerpo nuestro;
cuando ha desarrollado la consciencia
celeste, podrá oír y ver, aquello
que los oídos ni los ojos pueden,
también percibirá el olor más bueno,
mas allá del alcance de lo físico,
podrá paladear sabores nuevos,
así mismo tendrá también alcance
y reconocerá tocando objetos.
Ser grande o mucho más pequeño incluso
según su soberano entendimiento.

Para mi amigo Salvador (Lesmo)
y corregido, magistralmente, por él.

Basado en el capítulo 43, La resurrección de Sri Yukteswar, del libro, Autobiografía de un Yogui, de Sri Paramahansa Yogananda.
Castro. 6 de marzo del 2018.
 
Última edición:
El hombre externo no tiene importancia,
no obstante el alma, la tiene en extremo.
Mientras dormimos no somos conscientes
del ser físico, mas si del ser nuestro.
Pues el ser invisible es más real,
sin él, sería inútil nuestro cuerpo.
Si bien, imperceptible a los sentidos,
se halla en el físico, por dentro,
un cuerpo idéntico de bella luz:
del alma, el astral revestimiento.
Si una mano tienes amputada
seguirás percibiendo tu tal miembro;
por existir astral imperceptible
de cada parte física del cuerpo.
Un corazón astral tras el somático
sin el cual no latiría el nuestro.
Igualmente los huesos y los nervios,
la vista más oído astral y seso.
Órganos formados de luz y energía,
copia exacta del físico del cuerpo.
No debes decir: ciego o mango estoy,
si tienes tú, estos impedimentos,
porque tus ojos y manos etéreos
se hallan todavía en tu ser de hecho.
Jamás debes pensar que los ocultos
son dañados por físicos enfermos;
para impedir que vital energía
fluya a las partes físicas del cuerpo.
La eléctrica corriente que circula
a través de un cable de acero;
existe el cable por los electrones
y no los electrones para el hierro.
Talmente el cuerpo está para su alma
pero no vive el alma para el cuerpo.
No obstante debe reunir condiciones
para que el alma esté en él cuerpo de hecho.
Si el invisible no estuviese atado
caminaríamos por mar y por cielo
y luego al cuerpo regresaríamos.
Un mirar sensorial más directo
que su homólogo de nuestro cuerpo.
Cuando ha desarrollado la consciencia
celeste, podrá oír y ver aquello
que sus oídos y ojos no pueden.
El Podrá percibir olor, sabor,
así como tocar burdos objetos
mas allá del alcance de lo físico.
Puede, según su soberano empeño
agrandarse o incluso empequeñecerse.

Para mi amigo Salvador (Lesmo)

Basado en el capítulo 43, La resurrección de Sri Yukteswar, del libro, Autobiografía de un Yogui, de Sri Paramahansa Yogananda.
Castro. 6 de marzo del 2018.
Que me dediques este trabajo tuyo vertido en un poema, querido Castro, supone, sin duda, un gran placer y me deja un sentimiento de responsabilidad. Tal vez no pueda yo corresponder a esta gran amabilidad tuya. Efectivamente, como tú, creo que el hombre tiene sustento en su ser físico, pero el hombre es mucho más, como indicas en tus versos. Las corrientes filosóficas, no soy ningún experto en el asunto y puedo equivocarme, nombran de diferente manera a ese espíritu interior del ser humano que puede, y lo dices muy bien, agrandarse o empequeñecerse, o hacerlo de manera más concreta al cultivar determinados aspectos. Este poema conviene leerlo más de una vez, tanto es lo que me parece que encierra.
Quedo profundamente agradecido, querido amigo, y, como señalé, no sé si seré capaz de corresponderte.
Un grandísimo abrazo, con todos mis afectos.
Salvador.
 
Que me dediques este trabajo tuyo vertido en un poema, querido Castro, supone, sin duda, un gran placer y me deja un sentimiento de responsabilidad. Tal vez no pueda yo corresponder a esta gran amabilidad tuya. Efectivamente, como tú, creo que el hombre tiene sustento en su ser físico, pero el hombre es mucho más, como indicas en tus versos. Las corrientes filosóficas, no soy ningún experto en el asunto y puedo equivocarme, nombran de diferente manera a ese espíritu interior del ser humano que puede, y lo dices muy bien, agrandarse o empequeñecerse, o hacerlo de manera más concreta al cultivar determinados aspectos. Este poema conviene leerlo más de una vez, tanto es lo que me parece que encierra.
Quedo profundamente agradecido, querido amigo, y, como señalé, no sé si seré capaz de corresponderte.
Un grandísimo abrazo, con todos mis afectos.
Salvador.
Pues mira por donde me he quedado gratamente impresionado. La mayoría de los que ejercen la medecina, Dr. Salvador, no quieren ni oir hablar de esto. La verdad es que te lo dediqué no sabiendo que eres médico,( tu llamada ha sido posterior al embío). De estas corrientes filosóficas es de lo que estoy empapado. Mis autores preferidos son Sri Aurobindo, H. P. Blavatsky y últimanente Yogananda del que he confirmado, en lenguage claro, lo que sabía por los anteriores mencionados en lenguaje intelectual.
Tu amistad y tus correpciones es la mayor correspondencia que se puede esperar.
Un fraternal abrazo.
Castro.
 

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