Alarido
Poeta asiduo al portal
Si fuésemos nuestros propios consejeros matrimoniales.
Si tratásemos nuestra relación con la tierra como a una pareja al borde del abismo.
Entonces sería posible
parar las maquinas del mundo
durante todo un instante.
Sentarnos a charlar,
como antes de la prisa y el tiempo.
Como antes del feroz resentimiento.
Recién amanecidos de nuevo.
Con la cara y el pensamiento lavados,
frescos, limpios, puros y cristalinos.
Inmaculados, como nunca.
Con la firme voluntad de llenar la mar
con los diminutos cabellos del perdón
y la redención.
Convencidos de que el tiempo
del despropósito está obsoleto, agotado,
y que no tiene razón de ser.
Si primase el aquí y el ahora,
y nos mirásemos a los ojos
durante todo un instante.
Sería sin lugar a dudas, nuestro momento.
La gran oportunidad.
La señal que llevamos tanto tiempo buscando.
Si fuésemos conscientes de que lo imposible
no existe como tal.
Si supiéramos que es, tansolo,
tremendamente complicado,
como lo somos nosotros mismos,
entonces no escocería tanto.
Deberíamos estar acostumbrados
a bregar con lo imposible,
y lamentablemente no lo estamos.
Quizás mañana salga el sol...
por Antequera,
y resuenen en cada confín las palabras:
Perdóname, amor mio.
Si tratásemos nuestra relación con la tierra como a una pareja al borde del abismo.
Entonces sería posible
parar las maquinas del mundo
durante todo un instante.
Sentarnos a charlar,
como antes de la prisa y el tiempo.
Como antes del feroz resentimiento.
Recién amanecidos de nuevo.
Con la cara y el pensamiento lavados,
frescos, limpios, puros y cristalinos.
Inmaculados, como nunca.
Con la firme voluntad de llenar la mar
con los diminutos cabellos del perdón
y la redención.
Convencidos de que el tiempo
del despropósito está obsoleto, agotado,
y que no tiene razón de ser.
Si primase el aquí y el ahora,
y nos mirásemos a los ojos
durante todo un instante.
Sería sin lugar a dudas, nuestro momento.
La gran oportunidad.
La señal que llevamos tanto tiempo buscando.
Si fuésemos conscientes de que lo imposible
no existe como tal.
Si supiéramos que es, tansolo,
tremendamente complicado,
como lo somos nosotros mismos,
entonces no escocería tanto.
Deberíamos estar acostumbrados
a bregar con lo imposible,
y lamentablemente no lo estamos.
Quizás mañana salga el sol...
por Antequera,
y resuenen en cada confín las palabras:
Perdóname, amor mio.
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