Sobre el cielo las aves;
sobre el suelo los mamíferos;
bajo el mar los peces;
arrastrándose sobre la tierra,
los insectos y reptiles.
Ninguno tan terrible,
ninguno tan soberbio,
como el humano que dicta,
sin su consentimiento,
a estos otros,
su voluntad,
su capricho.
Destructor de todo,
e incluso de ti mismo,
matas a los animales
que en la superficie habitan,
pues crees que si están ahí,
es sólo para tu beneficio.
Cómo no pensarlo,
cómo no creerlo,
si tú tienes un dios
que a ti te protege,
y ellos, inferiores,
no gozan de su predilección,
pues sus bocas
no oran al silencio,
que nunca se levanta,
pues de actos y palabras
es completamente parco
y se diluye en la distancia.
¿Cuándo palabras
que al oído humano sonasen
recibiste de sus labios,
en cara invisible y etérea?
Si ellos no necesitan
que sus actos se justifiquen,
que su crueldad se disculpe,
que su falsedad se interprete,
porqué te inventas un ente
al que adorar,
que nunca tus inquietudes
calmará,
qué nunca calidez
te prestará,
que lealtad
no te devolverá.
Porqué quieres
contra toda evidencia,
creerte especial,
si sólo eres una criatura
producto de la evolución
que en un momento
en ti se dio.
Tanto miedo a morir,
tanto miedo
a dejar de existir,
te hacen crear
mundos de irrealidad,
donde no se encuentran,
las bestias irracionales,
conocedoras por si mismas
de la auténtica verdad,
que no hay paraísos
ni segundas oportunidades.
sobre el suelo los mamíferos;
bajo el mar los peces;
arrastrándose sobre la tierra,
los insectos y reptiles.
Ninguno tan terrible,
ninguno tan soberbio,
como el humano que dicta,
sin su consentimiento,
a estos otros,
su voluntad,
su capricho.
Destructor de todo,
e incluso de ti mismo,
matas a los animales
que en la superficie habitan,
pues crees que si están ahí,
es sólo para tu beneficio.
Cómo no pensarlo,
cómo no creerlo,
si tú tienes un dios
que a ti te protege,
y ellos, inferiores,
no gozan de su predilección,
pues sus bocas
no oran al silencio,
que nunca se levanta,
pues de actos y palabras
es completamente parco
y se diluye en la distancia.
¿Cuándo palabras
que al oído humano sonasen
recibiste de sus labios,
en cara invisible y etérea?
Si ellos no necesitan
que sus actos se justifiquen,
que su crueldad se disculpe,
que su falsedad se interprete,
porqué te inventas un ente
al que adorar,
que nunca tus inquietudes
calmará,
qué nunca calidez
te prestará,
que lealtad
no te devolverá.
Porqué quieres
contra toda evidencia,
creerte especial,
si sólo eres una criatura
producto de la evolución
que en un momento
en ti se dio.
Tanto miedo a morir,
tanto miedo
a dejar de existir,
te hacen crear
mundos de irrealidad,
donde no se encuentran,
las bestias irracionales,
conocedoras por si mismas
de la auténtica verdad,
que no hay paraísos
ni segundas oportunidades.