AlejandroCifuente
Poeta recién llegado
Hay un patio invisible que deshace los besos de la patria lisiada,
un andar vagabundo por las calles del invierno,
una claridad más al sur que nuestra melodía de aplausos contenidos.
Y los arrabales soñados de un proyecto de estrellas
aún buscan atenuantes que liberen al sol de su cárcel de nieve.
Es que todo pasaba tan de prisa que las noches abundaban de susurros
como tránsitos del ojo donde quedan las galaxias.
Todo era campo detenido en el vacio por las nubes de madera,
por el viajar sereno de los huesos que destemplan nuestra carne.
Y ese suicida inquieto de los pájaros
vuelve a vendar una luna pérdida sobre los bosques de la nada
como sonámbulo que habita nuestra tarde más ausente.
A veces miro los muros de anteayer donde quedaron las rejillas
que apuñalaban nuestra perdida de cigarras y palmeras,
de campanas quemadas en el teatro turbio de los acantilados
donde los álamos tocaban un cielo empapado sobre el piso
con manos criminales que destierran este tranvía de cansancio luminoso
Y aunque el canto se vuelva a derramar sobre un vaso melancólico
nunca podremos extinguir el horizonte que naufraga en nuestra espalda.
un andar vagabundo por las calles del invierno,
una claridad más al sur que nuestra melodía de aplausos contenidos.
Y los arrabales soñados de un proyecto de estrellas
aún buscan atenuantes que liberen al sol de su cárcel de nieve.
Es que todo pasaba tan de prisa que las noches abundaban de susurros
como tránsitos del ojo donde quedan las galaxias.
Todo era campo detenido en el vacio por las nubes de madera,
por el viajar sereno de los huesos que destemplan nuestra carne.
Y ese suicida inquieto de los pájaros
vuelve a vendar una luna pérdida sobre los bosques de la nada
como sonámbulo que habita nuestra tarde más ausente.
A veces miro los muros de anteayer donde quedaron las rejillas
que apuñalaban nuestra perdida de cigarras y palmeras,
de campanas quemadas en el teatro turbio de los acantilados
donde los álamos tocaban un cielo empapado sobre el piso
con manos criminales que destierran este tranvía de cansancio luminoso
Y aunque el canto se vuelva a derramar sobre un vaso melancólico
nunca podremos extinguir el horizonte que naufraga en nuestra espalda.