El jardín de los sueños latentes

Rosa Reeder

Poeta que considera el portal su segunda casa
En el paisaje dormido de la noche,
donde la luna es un ojo que todo lo ve,
se abre un jardín sin vallas ni senderos,
el jardín de los sueños latentes.

No tienen raíces en tierra,
sino anclados en el aire fino del deseo.
Son flores con pétalos de promesas,
que se abren al sol que aún no llega.

Hay sueños con alas de colibrí,
que revolotean entre las estrellas mudas,
buscando el néctar de un futuro posible,
un mañana tejido con hilos de luz.

Otros, pesados como rocas de nostalgia,
yacen en el césped de lo que no fue,
pero incluso ellos, bajo el rocío del alba,
reflejan un brillo, una chispa de esperanza.

La esperanza es el jardinero invisible,
que riega estas flores con lágrimas secas,
con risas antiguas y silencios valientes,
nutriendo la fe en lo que aún no se toca.

Es el hilo dorado que une el dormir
con el despertar de un nuevo día.
Es el murmullo del viento entre las hojas,
que susurra que el invierno no es eterno.

Incluso cuando las sombras se alargan,
y el jardín parece desolado y gris,
la esperanza es la semilla oculta,
esperando el momento para brotar.

Porque cada sueño, por pequeño que sea,
lleva consigo la promesa de ser,
y la esperanza es la mano que sostiene
el frágil tallo de lo que vendrá.

Así, en este jardín sin límites,
donde la noche guarda su aliento,
los sueños esperan, bañados en esperanza,
listos para florecer en la piel del día.


Rosa Maria Reeder
Derechos Reservados
 
En el paisaje dormido de la noche,
donde la luna es un ojo que todo lo ve,
se abre un jardín sin vallas ni senderos,
el jardín de los sueños latentes.

No tienen raíces en tierra,
sino anclados en el aire fino del deseo.
Son flores con pétalos de promesas,
que se abren al sol que aún no llega.

Hay sueños con alas de colibrí,
que revolotean entre las estrellas mudas,
buscando el néctar de un futuro posible,
un mañana tejido con hilos de luz.

Otros, pesados como rocas de nostalgia,
yacen en el césped de lo que no fue,
pero incluso ellos, bajo el rocío del alba,
reflejan un brillo, una chispa de esperanza.

La esperanza es el jardinero invisible,
que riega estas flores con lágrimas secas,
con risas antiguas y silencios valientes,
nutriendo la fe en lo que aún no se toca.

Es el hilo dorado que une el dormir
con el despertar de un nuevo día.
Es el murmullo del viento entre las hojas,
que susurra que el invierno no es eterno.

Incluso cuando las sombras se alargan,
y el jardín parece desolado y gris,
la esperanza es la semilla oculta,
esperando el momento para brotar.

Porque cada sueño, por pequeño que sea,
lleva consigo la promesa de ser,
y la esperanza es la mano que sostiene
el frágil tallo de lo que vendrá.

Así, en este jardín sin límites,
donde la noche guarda su aliento,
los sueños esperan, bañados en esperanza,
listos para florecer en la piel del día.


Rosa Maria Reeder
Derechos Reservados
Realmente hermoso.
Saludos.
 
En el paisaje dormido de la noche,
donde la luna es un ojo que todo lo ve,
se abre un jardín sin vallas ni senderos,
el jardín de los sueños latentes.

No tienen raíces en tierra,
sino anclados en el aire fino del deseo.
Son flores con pétalos de promesas,
que se abren al sol que aún no llega.

Hay sueños con alas de colibrí,
que revolotean entre las estrellas mudas,
buscando el néctar de un futuro posible,
un mañana tejido con hilos de luz.

Otros, pesados como rocas de nostalgia,
yacen en el césped de lo que no fue,
pero incluso ellos, bajo el rocío del alba,
reflejan un brillo, una chispa de esperanza.

La esperanza es el jardinero invisible,
que riega estas flores con lágrimas secas,
con risas antiguas y silencios valientes,
nutriendo la fe en lo que aún no se toca.

Es el hilo dorado que une el dormir
con el despertar de un nuevo día.
Es el murmullo del viento entre las hojas,
que susurra que el invierno no es eterno.

Incluso cuando las sombras se alargan,
y el jardín parece desolado y gris,
la esperanza es la semilla oculta,
esperando el momento para brotar.

Porque cada sueño, por pequeño que sea,
lleva consigo la promesa de ser,
y la esperanza es la mano que sostiene
el frágil tallo de lo que vendrá.

Así, en este jardín sin límites,
donde la noche guarda su aliento,
los sueños esperan, bañados en esperanza,
listos para florecer en la piel del día.


Rosa Maria Reeder
Derechos Reservados

Que bueno amiga Rosa. Bellas imágenes se desatan en tus versos querida amiga.
Siempre un fuerte abrazo.

 
En el paisaje dormido de la noche,
donde la luna es un ojo que todo lo ve,
se abre un jardín sin vallas ni senderos,
el jardín de los sueños latentes.

No tienen raíces en tierra,
sino anclados en el aire fino del deseo.
Son flores con pétalos de promesas,
que se abren al sol que aún no llega.

Hay sueños con alas de colibrí,
que revolotean entre las estrellas mudas,
buscando el néctar de un futuro posible,
un mañana tejido con hilos de luz.

Otros, pesados como rocas de nostalgia,
yacen en el césped de lo que no fue,
pero incluso ellos, bajo el rocío del alba,
reflejan un brillo, una chispa de esperanza.

La esperanza es el jardinero invisible,
que riega estas flores con lágrimas secas,
con risas antiguas y silencios valientes,
nutriendo la fe en lo que aún no se toca.

Es el hilo dorado que une el dormir
con el despertar de un nuevo día.
Es el murmullo del viento entre las hojas,
que susurra que el invierno no es eterno.

Incluso cuando las sombras se alargan,
y el jardín parece desolado y gris,
la esperanza es la semilla oculta,
esperando el momento para brotar.

Porque cada sueño, por pequeño que sea,
lleva consigo la promesa de ser,
y la esperanza es la mano que sostiene
el frágil tallo de lo que vendrá.

Así, en este jardín sin límites,
donde la noche guarda su aliento,
los sueños esperan, bañados en esperanza,
listos para florecer en la piel del día.


Rosa Maria Reeder
Derechos Reservados
Precioso poema! Me quedo con estos versos: "Porque cada sueño, por pequeño que sea,/ lleva consigo la promesa de ser". Saludos.
 

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