Oigo sus pasos en el ocaso.
Se acerca, constante en su periplo,
engullendo el espacio a su paso.
Crece su sombra sin definirse
y su fría presencia me atrapa
tratando de a mi pecho ceñirse.
Ser etéreo que me secuestra;
¿porqué me buscas en esta hora
de oscuro sino y pena infesta?
Ser etéreo que me acecha;
¿qué mies de provecho esperas
obtener de mi alma maltrecha?
No quiero tu alma pues de ella vengo,
que sus raíces me dieron a luz.
Por tu corcel negro te retengo
en este limbo sin norte ni sur.
Ser etéreo sin forma ni masa;
¿no ves cuan pobre se muestra mi ser
desnudo, hambriento y sin casa?
Ser etéreo que mi alma acongoja;
¡Carezco de esa negra montura
que a vuestra merced se le antoja!
¡Corcel posees ser inconsciente!
Mi palafrén en tu seno labras.
¡Que ya en sus lomos de vida ardiente
mi arzón amarro a tus palabras!.
Jinete etéreo que corcel ensoga;
¡Sírvete mejor de alto hidalgo!
¡Ese que a cultas letras aboga!.
Será así tu dicha más sentida
y más respetado el mensaje
que en verso dejes a tu partida.
No pienses que yerro en mis tretas;
lo puro llega a los infinitos.
Para yacer eterno entre letras
sobran los adornos gratuitos.
De tu pena extraje mi sentido
para aliviar de tu nuez el nudo
¡Singla en versos de tinte vertido!
¡Dame montura de verbo agudo!.
Jinete etéreo de alma afligida;
con mi blanca pluma podré darte
estado corpóreo y partida.
Jinete que montas corcel de voz,
de mensaje en cadena dibujado;
¡Ya se vislumbra tu tiempo atroz!.
Araña pues este fino pliego,
señala mi lecho al que atrás venga.
¡Que no se caiga en un pozo ciego
lo que dicta tu sien a tu lengua!.
Dame fin, mi aflijido escribano.
Que mi razón cumplió su destino;
ya me hice sentido anciano
avinagrado cuan viejo vino.
Jinete de corta vida ajada;
¿te marchas a perderte en la sombra,
en el fondo de mi alma aliviada?
Poeta hondo de hondas penas;
mi viaje de hoy aquí termina;
lo que antaño corrió por mis venas
yace manchado tu hoja fina.
Pero no por ello me despido
ni sufro el destierro de tu alma,
que lo que hoy hemos esculpido
viene a traernos breve calma.
Yo habito con las telarañas,
donde viven las penas mayores,
esas que queman en las entrañas
de tu ser ya desde sus albores.
Asi, si un día el fuego renace
volveré a forzar un encuentro
para inyectar, en verso que yace,
vacuna contra tu sentimiento.
Se acerca, constante en su periplo,
engullendo el espacio a su paso.
Crece su sombra sin definirse
y su fría presencia me atrapa
tratando de a mi pecho ceñirse.
Ser etéreo que me secuestra;
¿porqué me buscas en esta hora
de oscuro sino y pena infesta?
Ser etéreo que me acecha;
¿qué mies de provecho esperas
obtener de mi alma maltrecha?
No quiero tu alma pues de ella vengo,
que sus raíces me dieron a luz.
Por tu corcel negro te retengo
en este limbo sin norte ni sur.
Ser etéreo sin forma ni masa;
¿no ves cuan pobre se muestra mi ser
desnudo, hambriento y sin casa?
Ser etéreo que mi alma acongoja;
¡Carezco de esa negra montura
que a vuestra merced se le antoja!
¡Corcel posees ser inconsciente!
Mi palafrén en tu seno labras.
¡Que ya en sus lomos de vida ardiente
mi arzón amarro a tus palabras!.
Jinete etéreo que corcel ensoga;
¡Sírvete mejor de alto hidalgo!
¡Ese que a cultas letras aboga!.
Será así tu dicha más sentida
y más respetado el mensaje
que en verso dejes a tu partida.
No pienses que yerro en mis tretas;
lo puro llega a los infinitos.
Para yacer eterno entre letras
sobran los adornos gratuitos.
De tu pena extraje mi sentido
para aliviar de tu nuez el nudo
¡Singla en versos de tinte vertido!
¡Dame montura de verbo agudo!.
Jinete etéreo de alma afligida;
con mi blanca pluma podré darte
estado corpóreo y partida.
Jinete que montas corcel de voz,
de mensaje en cadena dibujado;
¡Ya se vislumbra tu tiempo atroz!.
Araña pues este fino pliego,
señala mi lecho al que atrás venga.
¡Que no se caiga en un pozo ciego
lo que dicta tu sien a tu lengua!.
Dame fin, mi aflijido escribano.
Que mi razón cumplió su destino;
ya me hice sentido anciano
avinagrado cuan viejo vino.
Jinete de corta vida ajada;
¿te marchas a perderte en la sombra,
en el fondo de mi alma aliviada?
Poeta hondo de hondas penas;
mi viaje de hoy aquí termina;
lo que antaño corrió por mis venas
yace manchado tu hoja fina.
Pero no por ello me despido
ni sufro el destierro de tu alma,
que lo que hoy hemos esculpido
viene a traernos breve calma.
Yo habito con las telarañas,
donde viven las penas mayores,
esas que queman en las entrañas
de tu ser ya desde sus albores.
Asi, si un día el fuego renace
volveré a forzar un encuentro
para inyectar, en verso que yace,
vacuna contra tu sentimiento.