James De la rosa
Juan Carlos Tuñon
Un centro comercial en plena noche
la sed espiritual del hombre-animal en un derroche.
Sentados con cervezas u otras copas,
empieza el desfile de las vanidades,
miradas aviesas que buscan al azar alguna pieza,
del trago profundo al eco cercenado
la punta de un deseo madurado,
en el suspiro ambiguo de la picazón,
el lejano tam tam de una canción
que busca en el recuerdo amor de saldo.
La sustancia moral está de carnaval, todo es disfraz,
la sonrisa traviesa que alcanza al corazón de alguna mesa.
Un paseo por la alucinación que fue deseo,
los pasos de las diosas son vuelos nocturnos de polillas presurosas.
Algún hombre maduro que tiene en la caricia la mirada
y con otros ojos ve el lento avanzar que todo es sexo
y yo amigo no he venido a eso, me basta asomarme
para centrar la mirada en el escaparate de las vanidades.
Ya no tengo la edad ni el saldo existencial de las pasiones,
me conformo con mirar, poner vista al azar y atravesar los corazones.
La flecha de los egos, las noches de trasiegos y de copas
borracho de un amor que es solo ropa.
la sed espiritual del hombre-animal en un derroche.
Sentados con cervezas u otras copas,
empieza el desfile de las vanidades,
miradas aviesas que buscan al azar alguna pieza,
del trago profundo al eco cercenado
la punta de un deseo madurado,
en el suspiro ambiguo de la picazón,
el lejano tam tam de una canción
que busca en el recuerdo amor de saldo.
La sustancia moral está de carnaval, todo es disfraz,
la sonrisa traviesa que alcanza al corazón de alguna mesa.
Un paseo por la alucinación que fue deseo,
los pasos de las diosas son vuelos nocturnos de polillas presurosas.
Algún hombre maduro que tiene en la caricia la mirada
y con otros ojos ve el lento avanzar que todo es sexo
y yo amigo no he venido a eso, me basta asomarme
para centrar la mirada en el escaparate de las vanidades.
Ya no tengo la edad ni el saldo existencial de las pasiones,
me conformo con mirar, poner vista al azar y atravesar los corazones.
La flecha de los egos, las noches de trasiegos y de copas
borracho de un amor que es solo ropa.