Évano
Libre, sin dioses.
.
Voy caminando por mi mundo solitario,
donde jamás hubo luz ni entra nadie,
y se desploman a mi paso las nubes,
reventando en nieve un suelo etéreo
que enfría aun más el alma encogida
y borra un exterior que ya no importa.
Bebo el agua de algún charco de barro
y prosigo hacia ninguna parte
con el silencio como único amigo
y los andrajos de mi ropa a un viento
venido siempre a mi cara de jirones.
En este mundo infinito de Ícaro,
donde Dédalo no es padre ni laberinto,
donde no se cruzan caminos,
donde se viaja eternamente al abismo
de uno mismo, de ti y de la humanidad,
no hay que buscar ni esperar, solo morir.
Voy caminando por mi mundo solitario,
donde jamás hubo luz ni entra nadie,
y se desploman a mi paso las nubes,
reventando en nieve un suelo etéreo
que enfría aun más el alma encogida
y borra un exterior que ya no importa.
Bebo el agua de algún charco de barro
y prosigo hacia ninguna parte
con el silencio como único amigo
y los andrajos de mi ropa a un viento
venido siempre a mi cara de jirones.
En este mundo infinito de Ícaro,
donde Dédalo no es padre ni laberinto,
donde no se cruzan caminos,
donde se viaja eternamente al abismo
de uno mismo, de ti y de la humanidad,
no hay que buscar ni esperar, solo morir.