Conozco el sendero y, sin embargo,
me pierdo en los ecos de viejos caminos,
en la quietud falsa de lo amargo
que acaricia y al mismo tiempo es enemigo.
Sé dónde se oculta el sosiego,
dónde la paz me espera en su nido,
pero a veces prefiero el ruedo
del ruido y el hábito repetido.
¿Por qué, si el alma en silencio me llama,
insisto en el fuego de luces ajenas,
en buscar respuestas en vana trama
que solo alimenta mis propias cadenas?
Es que el cambio duele, despoja, libera;
dejar lo que fui es un salto al vacío,
y aunque la verdad sea mi espera,
es más fácil quedarse en el frío.
Mas cada pregunta es un paso, una puerta,
una grieta en el muro que impide el hallazgo;
y, quizás, al final, de mi sombra despierta
nazca la paz que he buscado, y el descanso.
me pierdo en los ecos de viejos caminos,
en la quietud falsa de lo amargo
que acaricia y al mismo tiempo es enemigo.
Sé dónde se oculta el sosiego,
dónde la paz me espera en su nido,
pero a veces prefiero el ruedo
del ruido y el hábito repetido.
¿Por qué, si el alma en silencio me llama,
insisto en el fuego de luces ajenas,
en buscar respuestas en vana trama
que solo alimenta mis propias cadenas?
Es que el cambio duele, despoja, libera;
dejar lo que fui es un salto al vacío,
y aunque la verdad sea mi espera,
es más fácil quedarse en el frío.
Mas cada pregunta es un paso, una puerta,
una grieta en el muro que impide el hallazgo;
y, quizás, al final, de mi sombra despierta
nazca la paz que he buscado, y el descanso.