Antonio del Olmo
Poeta que considera el portal su segunda casa
EL LADRÓN CONTRADICTORIO
El ratero no tenía más de 10 años, aunque el gesto de su cara aparentaba más edad. Vestía muy bien, seguía la última moda, pero la suciedad de sus uñas delataba enseguida que era un niño abandonado. La víctima, una señora de más de 70 años que parecía más joven, caminaba despacio por el paseo marítimo, luciendo su elegante vestido con dos largos collares de perlas y un voluminoso bolso.
El ratero se lanzó disparado, como salta el gato sobre un ratón, y arrebató el bolso mientras agarraba fuertemente el brazo de la señora con la otra mano, según tenía previsto, para que su víctima no se cayera al suelo. El ladrón no quería causar daño a la señora, sólo pretendía robar el bolso, pero no lo consiguió.
En ese momento llego un coche de la policía con cuatro agentes y huyó el coche que conducía el jefe de la banda de ladrones, dispuesto para coger el botín. Enseguida detuvieron al pequeño ladrón, pero un policía, el más joven, no se libró de la patada que le lanzó el niño directamente a la espinilla. Este policía se agachó, quedando a la altura del niño, para frotar su pierna dolorida mientras le decía:
– Tienes buena puntería, chaval, podrías ser un gran futbolista, pero Ahora deberías estar en el colegio. ¿Qué quieres ser de mayor: un preso?
El niño miró directamente a los ojos del policía y respondió sin titubear:
– Quisiera ser policía. No quiero ser futbolista.
El jefe de la patrulla, un hombre mayor a punto de jubilarse, dijo riéndose con sorna:
- Aquí tenemos a un pequeño compañero.
Todos los policías se rieron mientras saludaban al niño colocando la mano en la sien, como hacen los militares. Pero el policía más joven no pudo contener las lágrimas después de escuchar al pequeño ladrón suplicar llorando:
- No se rían de mí. Lo digo en serio. Es verdad, yo quiero ser policía. Llévenme al colegio de policías. ¡Por favor!
El ratero no tenía más de 10 años, aunque el gesto de su cara aparentaba más edad. Vestía muy bien, seguía la última moda, pero la suciedad de sus uñas delataba enseguida que era un niño abandonado. La víctima, una señora de más de 70 años que parecía más joven, caminaba despacio por el paseo marítimo, luciendo su elegante vestido con dos largos collares de perlas y un voluminoso bolso.
El ratero se lanzó disparado, como salta el gato sobre un ratón, y arrebató el bolso mientras agarraba fuertemente el brazo de la señora con la otra mano, según tenía previsto, para que su víctima no se cayera al suelo. El ladrón no quería causar daño a la señora, sólo pretendía robar el bolso, pero no lo consiguió.
En ese momento llego un coche de la policía con cuatro agentes y huyó el coche que conducía el jefe de la banda de ladrones, dispuesto para coger el botín. Enseguida detuvieron al pequeño ladrón, pero un policía, el más joven, no se libró de la patada que le lanzó el niño directamente a la espinilla. Este policía se agachó, quedando a la altura del niño, para frotar su pierna dolorida mientras le decía:
– Tienes buena puntería, chaval, podrías ser un gran futbolista, pero Ahora deberías estar en el colegio. ¿Qué quieres ser de mayor: un preso?
El niño miró directamente a los ojos del policía y respondió sin titubear:
– Quisiera ser policía. No quiero ser futbolista.
El jefe de la patrulla, un hombre mayor a punto de jubilarse, dijo riéndose con sorna:
- Aquí tenemos a un pequeño compañero.
Todos los policías se rieron mientras saludaban al niño colocando la mano en la sien, como hacen los militares. Pero el policía más joven no pudo contener las lágrimas después de escuchar al pequeño ladrón suplicar llorando:
- No se rían de mí. Lo digo en serio. Es verdad, yo quiero ser policía. Llévenme al colegio de policías. ¡Por favor!
Última edición: