damianolivares
Poeta recién llegado
La luna es un manto de terciopelo blanco
de afiladas líneas que cargan con el peso
infinito de los misterios aun no revelados.
Abajo una línea de camino se despliega,
abriéndose paso entre maleza salvaje
que no espera nada más que una vida inerte.
El recorrido dura menos que la noche,
de pasajes oscuros iluminados por una bola
blancuzca que no hace mas que multiplicar su luz.
Hacia luminosas aguas de confines perdidos
sosteniendo la fe apagada para alumbrar
con sus repiques de deseos incontenibles.
Los cisnes vagabundean por tus contornos
fangosos velando por las profundidades
cristalinas que mantienen los sabores del mar.
Aun así, se te ve como un pequeño charco
que muere en el rechazo de los prudentes
y reviviendo en la mirada nostálgica del cuervo.
Espero encontrarla en tus sales oscuras
de plateados sabores y pétalos de rosas caídas
en tus aguas empapadas de miel;
en el costado de tus brazos de cangrejo cristalino,
que se abrazan en un saludo épico suave de alas
valientes que se atreven a tocarse;
deja que ella espere, bajo un claro rincón de luna,
por qué no volverás a tener una rosa
más hermosa situada a tu lado.
La tendrás untando sus pies en tus gélidas rodillas,
beberé de sus rabiosos besos, el amor autentico, un juego perverso;
me dormiré en su diáfano pecho para despertar
con un lago de cisnes; el eclipse empapado de cristal.
de afiladas líneas que cargan con el peso
infinito de los misterios aun no revelados.
Abajo una línea de camino se despliega,
abriéndose paso entre maleza salvaje
que no espera nada más que una vida inerte.
El recorrido dura menos que la noche,
de pasajes oscuros iluminados por una bola
blancuzca que no hace mas que multiplicar su luz.
Hacia luminosas aguas de confines perdidos
sosteniendo la fe apagada para alumbrar
con sus repiques de deseos incontenibles.
Los cisnes vagabundean por tus contornos
fangosos velando por las profundidades
cristalinas que mantienen los sabores del mar.
Aun así, se te ve como un pequeño charco
que muere en el rechazo de los prudentes
y reviviendo en la mirada nostálgica del cuervo.
Espero encontrarla en tus sales oscuras
de plateados sabores y pétalos de rosas caídas
en tus aguas empapadas de miel;
en el costado de tus brazos de cangrejo cristalino,
que se abrazan en un saludo épico suave de alas
valientes que se atreven a tocarse;
deja que ella espere, bajo un claro rincón de luna,
por qué no volverás a tener una rosa
más hermosa situada a tu lado.
La tendrás untando sus pies en tus gélidas rodillas,
beberé de sus rabiosos besos, el amor autentico, un juego perverso;
me dormiré en su diáfano pecho para despertar
con un lago de cisnes; el eclipse empapado de cristal.
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