Aisha Baranowska
Poeta que considera el portal su segunda casa
[video=youtube_share;ZaxcCrde2QY]http://youtu.be/ZaxcCrde2QY[/video]
Silencio
ya lo devora
desde hace casi dos siglos -
recuerdo
de su alma negra como la noche
jamás me va a soltar;
aunque mi memoria no llegue tan lejos,
en el tiempo fugaz...
Yo sé el canto de la amargura cantar,
conozco las tristes palabras que no tienen más poder
que conmover el espíritu de un ser vivo -
mientras el muerto no puede encontrar
el camino de regreso...
Un amanecer,
una lágrima loca de mis ojos se atrevió a caer,
después de sentir todo el dolor del mundo al pensar,
después de echarse la culpa al saber -
de su horrible destino...
Tal vez, será ahora un desatino
abrir de nuevo las puertas
hace mucho cerradas,
espolvorear
los libros de nuestros corazones -
no importa, si es un sueño perdido
o una realidad muy distante;
yo quiero que él supiera
cuánto me duele su lejano dolor,
su intenso sentir
cuánto siento yo en mi hora de soledad -
y los versos que escribo son para él...
Porque nadie jamás fue tal una inspiración,
y todo mi sufrimiento al suyo no se puede comparar -
espero en vano un cambio que no viene,
tampóco vino para él...
Ya es tarde para el arrepentimiento;
tarde para derramar lágrimas
las que no pueden hacerlo volver,
pero por lo menos, me queda la esperanza
de que él ahora esté bien -
libre de los límites y del peso de las inquietudes,
libre del mundo que fue su asesino -
y que pueda sentir
mi alma volar hacia él, mi corazón latir;
que sienta mi pensamiento cercano, mis sentimientos
en donde veo las almas bailar
al son del viento, bajo el manto de la oscuridad -
en la noche sin fin, junto a las estrellas...
Mi añoranza
que sea para él un eterno consuelo;
el abrazo y el abrazado que descansen en paz,
entre la agonía del existir ajeno -
y el propio funeral...
Mis ojos no llorarán quizás,
pero por dentro todo me duele y siento un fuego quemar
hasta ceniza mi corazón oprimido, lleno de pasiones -
un himno a mis obsesiones;
escapadas nocturnas del frío espiritual,
en las tierras del olvido -
muy lejos de este mal
que consume y devora toda la existencia...
¡Una gran pérdida! Silencio -
sólo eso, y se va tan pronto aquella sombra
en la pared; se apaga un lucero...
Mil veces daría mi vida
por su inalcanzable felicidad,
la que no llegó jamás...
[27/08/2013]
Silencio
ya lo devora
desde hace casi dos siglos -
recuerdo
de su alma negra como la noche
jamás me va a soltar;
aunque mi memoria no llegue tan lejos,
en el tiempo fugaz...
Yo sé el canto de la amargura cantar,
conozco las tristes palabras que no tienen más poder
que conmover el espíritu de un ser vivo -
mientras el muerto no puede encontrar
el camino de regreso...
Un amanecer,
una lágrima loca de mis ojos se atrevió a caer,
después de sentir todo el dolor del mundo al pensar,
después de echarse la culpa al saber -
de su horrible destino...
Tal vez, será ahora un desatino
abrir de nuevo las puertas
hace mucho cerradas,
espolvorear
los libros de nuestros corazones -
no importa, si es un sueño perdido
o una realidad muy distante;
yo quiero que él supiera
cuánto me duele su lejano dolor,
su intenso sentir
cuánto siento yo en mi hora de soledad -
y los versos que escribo son para él...
Porque nadie jamás fue tal una inspiración,
y todo mi sufrimiento al suyo no se puede comparar -
espero en vano un cambio que no viene,
tampóco vino para él...
Ya es tarde para el arrepentimiento;
tarde para derramar lágrimas
las que no pueden hacerlo volver,
pero por lo menos, me queda la esperanza
de que él ahora esté bien -
libre de los límites y del peso de las inquietudes,
libre del mundo que fue su asesino -
y que pueda sentir
mi alma volar hacia él, mi corazón latir;
que sienta mi pensamiento cercano, mis sentimientos
en donde veo las almas bailar
al son del viento, bajo el manto de la oscuridad -
en la noche sin fin, junto a las estrellas...
Mi añoranza
que sea para él un eterno consuelo;
el abrazo y el abrazado que descansen en paz,
entre la agonía del existir ajeno -
y el propio funeral...
Mis ojos no llorarán quizás,
pero por dentro todo me duele y siento un fuego quemar
hasta ceniza mi corazón oprimido, lleno de pasiones -
un himno a mis obsesiones;
escapadas nocturnas del frío espiritual,
en las tierras del olvido -
muy lejos de este mal
que consume y devora toda la existencia...
¡Una gran pérdida! Silencio -
sólo eso, y se va tan pronto aquella sombra
en la pared; se apaga un lucero...
Mil veces daría mi vida
por su inalcanzable felicidad,
la que no llegó jamás...
[27/08/2013]