El lanzador de nubes

Marla

Poeta fiel al portal
Ayer fue sábado casi toda la noche,
como todas las noches de martes que se nutren
de semillas de sábados;
como todos los inviernos en que el reloj
pronuncia
horas de terciopelo
para acallar el frío,
vino a segar mis sombras
el lanzador de nubes.

Una vez más,
el gorrión de sus ojos
acabó picoteando
mi voluntad de espuma.
Y el grillo de una vieja promesa
se enredó entre mi lengua
y me colé en sus huesos
y se enterró en mi carne...

A veces
no me encuentra:
mi voluntad se esfuma
en el agujero negro de algún lunes
marchito,
o se hunde
en los cajones
grises de la memoria,
o en el quicio severo
de opacas despedidas.

Él me busca en los besos
a tientas
Y yo,
como todas las noches
en que se plantan sábados,
como todos los martes
destinados
a exorcizar demonios
a golpe de caricia,
le doy un puntapié
a la melancolía
y hablo una lengua roja
con mis labios en llamas.

Hoy es domingo. Llueve.
Hoy mis pájaros tristes
picotean sin piedad
el silencio.
Pero sé que él me espera
a la esquina
de un verso rojialado,
esparciendo mi nombre
en la próxima playa de un martes
con sabor a canela.
 
Ayer fue sábado casi toda la noche,
como todas las noches de martes que se nutren
de semillas de sábados;
como todos los inviernos en que el reloj
pronuncia
horas de terciopelo
para acallar el frío,
vino a segar mis sombras
el lanzador de nubes.

Una vez más,
el gorrión de sus ojos
acabó picoteando
mi voluntad de espuma.
Y el grillo de una vieja promesa
se enredó entre mi lengua
y me colé en sus huesos
y se enterró en mi carne...

A veces
no me encuentra:
mi voluntad se esfuma
en el agujero negro de algún lunes
marchito,
o se hunde
en los cajones
grises de la memoria,
o en el quicio severo
de opacas despedidas.

Él me busca en los besos
a tientas
Y yo,
como todas las noches
en que se plantan sábados,
como todos los martes
destinados
a exorcizar demonios
a golpe de caricia,
le doy un puntapié
a la melancolía
y hablo una lengua roja
con mis labios en llamas.

Hoy es domingo. Llueve.
Hoy mis pájaros tristes
picotean sin piedad
el silencio.
Pero sé que él me espera
a la esquina
de un verso rojialado,
esparciendo mi nombre
en la próxima playa de un martes
con sabor a canela.
Que bello poema. Un abrazo Marla.
 
Ayer fue sábado casi toda la noche,
como todas las noches de martes que se nutren
de semillas de sábados;
como todos los inviernos en que el reloj
pronuncia
horas de terciopelo
para acallar el frío,
vino a segar mis sombras
el lanzador de nubes.

Una vez más,
el gorrión de sus ojos
acabó picoteando
mi voluntad de espuma.
Y el grillo de una vieja promesa
se enredó entre mi lengua
y me colé en sus huesos
y se enterró en mi carne...

A veces
no me encuentra:
mi voluntad se esfuma
en el agujero negro de algún lunes
marchito,
o se hunde
en los cajones
grises de la memoria,
o en el quicio severo
de opacas despedidas.

Él me busca en los besos
a tientas
Y yo,
como todas las noches
en que se plantan sábados,
como todos los martes
destinados
a exorcizar demonios
a golpe de caricia,
le doy un puntapié
a la melancolía
y hablo una lengua roja
con mis labios en llamas.

Hoy es domingo. Llueve.
Hoy mis pájaros tristes
picotean sin piedad
el silencio.
Pero sé que él me espera
a la esquina
de un verso rojialado,
esparciendo mi nombre
en la próxima playa de un martes
con sabor a canela.
Precioso poema, poesía de muchos kilates, tu sensible escritura dibuja imágenes que tiemblan en mi lectura, pedacitos de placer son tus letras y ese lanzador de nubes con sus labios en llamas llevándose tu melancolía a donde nunca es tarde, hacia tiempo que no disfrutaba tanto leyendo un poema. te felicito y te admiro amiga María. abrazote vuela. Paco.
 
Ayer fue sábado casi toda la noche,
como todas las noches de martes que se nutren
de semillas de sábados;
como todos los inviernos en que el reloj
pronuncia
horas de terciopelo
para acallar el frío,
vino a segar mis sombras
el lanzador de nubes.

Una vez más,
el gorrión de sus ojos
acabó picoteando
mi voluntad de espuma.
Y el grillo de una vieja promesa
se enredó entre mi lengua
y me colé en sus huesos
y se enterró en mi carne...

A veces
no me encuentra:
mi voluntad se esfuma
en el agujero negro de algún lunes
marchito,
o se hunde
en los cajones
grises de la memoria,
o en el quicio severo
de opacas despedidas.

Él me busca en los besos
a tientas
Y yo,
como todas las noches
en que se plantan sábados,
como todos los martes
destinados
a exorcizar demonios
a golpe de caricia,
le doy un puntapié
a la melancolía
y hablo una lengua roja
con mis labios en llamas.

Hoy es domingo. Llueve.
Hoy mis pájaros tristes
picotean sin piedad
el silencio.
Pero sé que él me espera
a la esquina
de un verso rojialado,
esparciendo mi nombre
en la próxima playa de un martes
con sabor a canela.


Mi admirada Marla,
Creas un almanaque de luces en cada alba de tu pluma.
Espuma que se disuelve orillando imágenes de sol a sol, de luna a luna.

Qué buen poema poetisa... qué bueno!

Un abrazo de corazón.

Palmira
 
Bello, vibrante y luminoso mi querida amiga...
Un precioso rescate nos regalas querida Palmira...gracias...
Y siempre un gran gusto encontrarme con tus versos amiga Marla...
Mi abrazo para ambas, con todo mi cariño...
Nancy
 

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