DIEGO
Poeta adicto al portal
El látigo de la luna ha abierto mi pecho.
Como un bisturí implacable ha separado las carnes.
Y quedan en manos del infecto viento, arrecifes ensangrentados,
cada vez más sombríos por culpa del vicio y la historia.
La jaula blanquecina asoma sus puntas astilladas
Y en la carne enlarvada, desde la oscura noche que se anida en el fondo,
emerge confundida, una mariposa en espiral hacia el cielo.
Como un bisturí implacable ha separado las carnes.
Y quedan en manos del infecto viento, arrecifes ensangrentados,
cada vez más sombríos por culpa del vicio y la historia.
La jaula blanquecina asoma sus puntas astilladas
Y en la carne enlarvada, desde la oscura noche que se anida en el fondo,
emerge confundida, una mariposa en espiral hacia el cielo.
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