El laurel real

María Baena

Miembro del Jurado
Miembro del equipo
Miembro del JURADO DE LA MUSA
Nunca habia notado antes

el corazón de un árbol.

Estaba frondoso,

sus ramas invadía el jardín pequeño

y tuvimos que podarlo.

Esa mañana salio el sol,

el otoño estaba ya instalado,

cortamos algunas de sus grandes ramas…

Cure sus heridas,

regué su pie

hundido tan profundamente en la tierra,

da la sensación

de no querer moverse nunca de allí.

Me agarre a su tronco

para consolarme

y en mi mano izquierda,

debajo de la fina corteza

sentí su corazón

muy fuerte latiendo.

Estuve alli

hasta que se fue calmando,

mis manos acariciaron su tronco,

estaba casi tan asustada como el.

A la mañana siguiente

me acerque a su pie

lo rodee otra vez,

ya su corazón no latía,

me sosegó su fuerza,

sus hojas me cobijaron…

Yo seguí posando mi mirada en él,

deseé subirme en sus ramas

como hacen los mirlos,

guardar su frió tacto

en mi corazón,

saberlo siempre dueño del jardín

creciendo siempre

para cobijarme

como ángeles verdes del aire

echando su aliento,

como una madre.
 
Bucólico y sentido poema nos compartes, sentirse identificada con el dolor de una planta viva que sufre por las heridas infligidas al haber sido podada.

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Nunca habia notado antes

el corazón de un árbol.

Estaba frondoso,

sus ramas invadía el jardín pequeño

y tuvimos que podarlo.

Esa mañana salio el sol,

el otoño estaba ya instalado,

cortamos algunas de sus grandes ramas…

Cure sus heridas,

regué su pie

hundido tan profundamente en la tierra,

da la sensación

de no querer moverse nunca de allí.

Me agarre a su tronco

para consolarme

y en mi mano izquierda,

debajo de la fina corteza

sentí su corazón

muy fuerte latiendo.

Estuve alli

hasta que se fue calmando,

mis manos acariciaron su tronco,

estaba casi tan asustada como el.

A la mañana siguiente

me acerque a su pie

lo rodee otra vez,

ya su corazón no latía,

me sosegó su fuerza,

sus hojas me cobijaron…

Yo seguí posando mi mirada en él,

deseé subirme en sus ramas

como hacen los mirlos,

guardar su frió tacto

en mi corazón,

saberlo siempre dueño del jardín

creciendo siempre

para cobijarme

como ángeles verdes del aire

echando su aliento,

como una madre.
Medtacion bucolica en ese desmayo frente al tronco.
hojas ofrecidas en un cobijo que rompe el frio. el
laurel siempre noble para dejar esas perfetas
concavidades de atraccion que habita.
felicidades. saludos de luzyabsenta
 
Nunca habia notado antes

el corazón de un árbol.

Estaba frondoso,

sus ramas invadía el jardín pequeño

y tuvimos que podarlo.

Esa mañana salio el sol,

el otoño estaba ya instalado,

cortamos algunas de sus grandes ramas…

Cure sus heridas,

regué su pie

hundido tan profundamente en la tierra,

da la sensación

de no querer moverse nunca de allí.

Me agarre a su tronco

para consolarme

y en mi mano izquierda,

debajo de la fina corteza

sentí su corazón

muy fuerte latiendo.

Estuve alli

hasta que se fue calmando,

mis manos acariciaron su tronco,

estaba casi tan asustada como el.

A la mañana siguiente

me acerque a su pie

lo rodee otra vez,

ya su corazón no latía,

me sosegó su fuerza,

sus hojas me cobijaron…

Yo seguí posando mi mirada en él,

deseé subirme en sus ramas

como hacen los mirlos,

guardar su frió tacto

en mi corazón,

saberlo siempre dueño del jardín

creciendo siempre

para cobijarme

como ángeles verdes del aire

echando su aliento,

como una madre.

Qué belleza amiga María. Un placer disfrutar de tu obra.
Un abrazo
 

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