Lexema
Poeta que considera el portal su segunda casa
Pronto, muy pronto te lo prometo. Se enlazaran nuestros cuerpos y por las ardientes fricciones adentro quedará mi fuerza, alma y aliento.
Ah! Tus jadeos, leña para mi fuego, fuego incesante, más intenso con cada grito, donde atizo luego los picos de tus montañas...
Enrojecidos por las mordidas, avivan la flama y el alma quema. La bandera está en la cima. Blando su asta y declaro mia la tierra.
Tus lívidos se confunden con el sudor que gota a gota colman la copa de este amor, sin vergüenza o pudor; amarrados los dos en uno.
Opuestos a los límites de la física; en cada torno, contorno y trastorno de cuerpos danzantes en torno. Agote de números y matemática.
Juntos creamos esta escena
de amor, pena o de horror, qué sé yo! Mas he aquí lo descifrado: Tú eres la víctima, yo el malvado.
Uno que apuñala tus pliegues
repetidas veces asido de tu cintura, hallando en cada estocada placer caníbalesco y encrespada locura.
Abeja, ejemplo de un sexo suicida: al penetrar su daga, pierde la vida. Así se van mis fuerzas, así se van... Mis rodillas lo confirman al andar.
Acto seguido: un alejar de las masas que antes se atraían, ahora se repelen cual imanes igualados. El volcán aún sigue humeando,
Carbonera recién apagada.
Esperando junten sus brazas para volver a la vida, y seguir quemando nuestras ganas, hasta las cenizas.
Jesús Soriano
PSC
Ah! Tus jadeos, leña para mi fuego, fuego incesante, más intenso con cada grito, donde atizo luego los picos de tus montañas...
Enrojecidos por las mordidas, avivan la flama y el alma quema. La bandera está en la cima. Blando su asta y declaro mia la tierra.
Tus lívidos se confunden con el sudor que gota a gota colman la copa de este amor, sin vergüenza o pudor; amarrados los dos en uno.
Opuestos a los límites de la física; en cada torno, contorno y trastorno de cuerpos danzantes en torno. Agote de números y matemática.
Juntos creamos esta escena
de amor, pena o de horror, qué sé yo! Mas he aquí lo descifrado: Tú eres la víctima, yo el malvado.
Uno que apuñala tus pliegues
repetidas veces asido de tu cintura, hallando en cada estocada placer caníbalesco y encrespada locura.
Abeja, ejemplo de un sexo suicida: al penetrar su daga, pierde la vida. Así se van mis fuerzas, así se van... Mis rodillas lo confirman al andar.
Acto seguido: un alejar de las masas que antes se atraían, ahora se repelen cual imanes igualados. El volcán aún sigue humeando,
Carbonera recién apagada.
Esperando junten sus brazas para volver a la vida, y seguir quemando nuestras ganas, hasta las cenizas.
Jesús Soriano
PSC