Extravagante
Poeta recién llegado
Si la bóveda celeste sucumbe,
devorada por una vorágine fantasmal,
caminaremos por sendas que no existen,
dejando huellas que ni el abismo podrá tragar.
No temeremos la nada,
porque aunque el tiempo se apague,
nuestras almas renacerán en cada átomo,
y seguirán ardiendo en la médula del infinito,
pues nuestro amor es el legado del cosmos.
devorada por una vorágine fantasmal,
caminaremos por sendas que no existen,
dejando huellas que ni el abismo podrá tragar.
No temeremos la nada,
porque aunque el tiempo se apague,
nuestras almas renacerán en cada átomo,
y seguirán ardiendo en la médula del infinito,
pues nuestro amor es el legado del cosmos.