Emanuel de León
Poeta recién llegado
El silencio llora y su quejido me golpea los oídos,
es como música infernal, un chillido de la nada.
El silencio aunque ha sido mi fiel amigo,
también es mi peor veneno.
Cuando llega entra en mis venas y se queda ahí,
pausado, repetitivo, misero.
Es como el vino viejo.
Cuando entra no hay mas que silencio, nada.
Juntos bailamos al son de la desdicha y me embriago
hasta morir de su pestilente liquido.
Precisamente ahora estoy ebrio, el espíritu del silencio
se apodero de mis ganas, de mi cuerpo, de mi alma.
Juntos yacemos en un mar de pestilentes pesadillas.
Cuando la mascara se cae y el telón del teatro
cae ocultándolo todo, somos uno y el anfitrión
me enseña sus dientes en el espejo.
es como música infernal, un chillido de la nada.
El silencio aunque ha sido mi fiel amigo,
también es mi peor veneno.
Cuando llega entra en mis venas y se queda ahí,
pausado, repetitivo, misero.
Es como el vino viejo.
Cuando entra no hay mas que silencio, nada.
Juntos bailamos al son de la desdicha y me embriago
hasta morir de su pestilente liquido.
Precisamente ahora estoy ebrio, el espíritu del silencio
se apodero de mis ganas, de mi cuerpo, de mi alma.
Juntos yacemos en un mar de pestilentes pesadillas.
Cuando la mascara se cae y el telón del teatro
cae ocultándolo todo, somos uno y el anfitrión
me enseña sus dientes en el espejo.
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