Pablo Martínez Alonso
Poeta asiduo al portal
Callendo de lo alto viene una estrella; algunos dicen que es Dios; otros que es el diablo; otros que es un humano que calló de sus sueños, perdido y sin esperanzas el cielo ya no era
su lugar, decendido entre aquellos que no sueñan llora mientras sonrie y se hiere mientras se aleja del mundo. El odio que siente por si mismo se puede oler y ha comenzado a perder su
humanidad... lentamente se transforma en el lobo estepario. Nada importa ya. Nadie se debe acercar a él. Gruñirá y morderá a quienes se le aproximen y con cada gruñido y con cada mordisco
morirá un poco más, su existencia está condenada al dolor y no existe un salvador que pueda sacarlo del lugar donde cayó. No le teme al infierno y odia al cielo por permitirle transformarse
en un lobo, odia a Dios por permitir que él naciera. Su dolor no será aplacado jamás, así como jamás encontrará el lugar al cual pertenece, porque él no pertenece a ningún lado. Cayó del
cielo y perdió su humanidad, ahora sólo puede vagar esperando su muerte. El infierno abre sus puertas y el maldice a Dios una vez más en forma de agradecimiento por permitir todo lo
que le ha pasado. Gracias, Dios.
- Pablo Martínez Alonso -
su lugar, decendido entre aquellos que no sueñan llora mientras sonrie y se hiere mientras se aleja del mundo. El odio que siente por si mismo se puede oler y ha comenzado a perder su
humanidad... lentamente se transforma en el lobo estepario. Nada importa ya. Nadie se debe acercar a él. Gruñirá y morderá a quienes se le aproximen y con cada gruñido y con cada mordisco
morirá un poco más, su existencia está condenada al dolor y no existe un salvador que pueda sacarlo del lugar donde cayó. No le teme al infierno y odia al cielo por permitirle transformarse
en un lobo, odia a Dios por permitir que él naciera. Su dolor no será aplacado jamás, así como jamás encontrará el lugar al cual pertenece, porque él no pertenece a ningún lado. Cayó del
cielo y perdió su humanidad, ahora sólo puede vagar esperando su muerte. El infierno abre sus puertas y el maldice a Dios una vez más en forma de agradecimiento por permitir todo lo
que le ha pasado. Gracias, Dios.
- Pablo Martínez Alonso -