Anaid Anelim Luna
Poeta recién llegado
Creía que me encontraba en el lugar del amor, pero no, hoy regreso al lugar de mi profundo desarraigo, a esa tierra extraña, en la que ni yo me reconozco. Ese hombre no lo entendió, solo llego con su furia abismal de carnaval, sembró alegrías y cobro con dolores. Yo sabía que él no estaba, pero le vendí mis sueños a la muerte para no ver su mirada extraviada, sus deseos desconcertados, su ausencia prolongada. Él no estaba, él no estaba conmigo, estaba con otra o con él, pero no conmigo, y yo lo sabía, lo sabía como quien sabe que no tiene alas para volar, pero las fantasea. Moriré mil veces y una más, eso lo sé, lo sé, pero prefiero negarlo antes que aceptarlo, es imposible que un alma sea anulada del lado de la vida de una forma tan grotesca y desconcertante, me niego, me niego a cargar con esta cruz de veneno y dolor, solo yo sé cuanto muero a cada instante, a cada lagrima, a cada soledad. Pobre almita, pobre almita mía, apenas puede sostenerse en su impostergable derrumbe, ¿quien le digiera?, ¿quien le digiera que no lo merece?, que es tan bella, que es tan bella como las mariposas, como la lluvia o como la luna llena, ¿quien le digiera? Nadie, nadie...
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