Bajo el Sol refulgente un mago cantó,
la canción de la Ítaca verde,
prodigiosa casa de Ulises, sin fin,
sin principio, sin murallas ni fuertes.
Dijo que era una tierra de oro y plata,
de grandes historias y de odiseas,
donde el vástago de Cirse vivió,
y se acogió en los coros de Atenea.
Y habló el mago del llanto del Titán,
al ver esa tierra rica y hermosa,
mas no lloró por tesoros ni riquezas,
ni lo hizo por las ofertas ostentosas.
La emoción fue más allá de los brillantes,
llegó al Olimpo a los oídos de Penía,
pues humildad e indigencia sollozaba
y no los rubíes que mujeres ofrecían.
Dijo el mago al final de su canto
que Ulises poco de su tierra quería,
solo valoraba el ser del refugio:
el amor, la amistad y la alegría.
la canción de la Ítaca verde,
prodigiosa casa de Ulises, sin fin,
sin principio, sin murallas ni fuertes.
Dijo que era una tierra de oro y plata,
de grandes historias y de odiseas,
donde el vástago de Cirse vivió,
y se acogió en los coros de Atenea.
Y habló el mago del llanto del Titán,
al ver esa tierra rica y hermosa,
mas no lloró por tesoros ni riquezas,
ni lo hizo por las ofertas ostentosas.
La emoción fue más allá de los brillantes,
llegó al Olimpo a los oídos de Penía,
pues humildad e indigencia sollozaba
y no los rubíes que mujeres ofrecían.
Dijo el mago al final de su canto
que Ulises poco de su tierra quería,
solo valoraba el ser del refugio:
el amor, la amistad y la alegría.