El mamao y la biblia - Verso gauchesco

Luciano21

Poeta recién llegado

Contaba la historia de un hombre y una mujer ,
hermanos al parecer, pero por parte del padre,
porque ellos no tenían madre,
en el libro están las pruebas,
la historia a cabo se lleva en el cielo
y son los nombres, de esta mujer y este hombre,
don Adan y doña Beba.
Parece ser que esta gente, Adan y Beba los dos,
eran hijos de un tal Dios,
nada que ver con Martines.
De lo que de él se define es que es un hombre laburador
que era un hombre gueno, muy laburador,
y de a ratos medio inventor
se había inventado las estrellas, las lunas
ni se cuántas cosas más,
muy encarador, audaz
lo que él quería lo inventaba
y el domingo descansaba
de lo que se dice de un señor.
Parece que en ese tiempo allá en el cielo se tenía,
según el libro decía,
un monte de paraíso
y Adán una tarde le dijo, medio encarando, al padre:
“mira que para el día de la madre no tenemos pa´ donde ir
y te queríamos pedir, si nos dabas permiso,
ir al monte paraíso para saber cómo es allí”
“Vayan “ le dijo su padre pa´no entrar en disputa
“y no anden comiendo fruta que luego vienen los empachos”
Y allá jueron los muchachos contentos, locos de la vida
y al verlos Dios que se iban tan abrazados los dos hijos
“Guarda la víbora!” le dijo
a modo de despedida.
Al rato Adan, muy travieso, corriendo atrás de la hermana
gritaba: “!¿Queres manzana?!”
y ella le dijo que si.
Algo curioso hay aquí, conceptos pocos precisos,
porque leo y releo y lo reviso
pero ese libro algo esconde
porque manzana de adonde si el monte era el paraíso.
A no ser que doña Beba, mujer de mucha confianza,
se haya mandado a la panza, porque negarse no quiso,
las bolitas de Paraiso; pensando en manzanas chicas.
Entonces si que se explica la calentura de Dios
se habrán agarrado los dos soberana “cantadera”.

En esos tiempos que eran ya se había pronosticado en el cielo una tormenta
y según el libro cuenta
fue terrible el chaparrón
se vino la inundación,
que ellos le llaman diluvio,
donde había un viejito rubio de larga barba y bigote
que había alcanzado a comprar un bote
ni me acuerdo la marca pero le decían “Laarca”
y el viejito era don Noé.
Dios le dijo: “Métale que voy hacer crecer los ríos. Búsquese entre el bicherio
un casal de cada especie y sálvelo a la creciente para que tengan cimiente y ya vendrá un tiempo mejor”.
Hasta hoy lo estamos esperando.
Tal vez se lo diera Dios para que el por ahí se los venda,
pero quedo la leyenda que por viajar ahí tan apretao
al tero le quedo la costumbre de cabecear
porque le toco viajar bajo el toro,
entre las patas,
y si se salvó fue a las gatas
porque al ritmo de las olas se zarandeaban
y ahí el tero se agachaba
y ahí la lechuza miraba y decía
“Shhh , lo mata; Shhh, lo mata”.
Y en los dos animalitos la costumbre ha persistido
que ahora hay teros con saludos y lechuza con chistido

Después había otro muchacho, un tal Jesu, muy nombrao
que dicen que había viajado a la tierra por negocio
y tenía unos judíos de socios que creo que lo habían clavado

Y bueno la historia termina como todas las historias,
¿quieren saber el final? Pregúntenle a sus abuelas
-José Albino, alias "El Gaucho Bataraz"
 
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